Challengers tiene mucho en común con una reconocida película de Damien Chazelle
Challengers de Luca Guadagnino parece pronta a convertirse en uno de los grandes éxitos del año. Un director reconocido, un querido y admirado elenco, una trama atrapante y una gran banda sonora son algunas de las cosas que conforman la cinta deportiva sobre dos ex mejores amigos que compiten en un torneo de tennis por una muchacha y también contra el pasado. La película tiene también un mensaje tal vez no tan reconocible y ofrece una reflexión que se asemeja a la de otra reconocida cinta que nada tiene que ver en superficie pero que en el fondo, en realidad, es muy similar.
Corría el año 2014 y Damien Chazelle presentaba su primera gran obra maestra con J.K. Simmons y Miles Teller como protagonistas. Whiplash es una película donde el estrés y la tensión son los protagonistas en un conservatorio de jazz donde solo los mejores serán respetados. ¿En qué se parece con Challengers?
Esta película sobre tenis ofrece una perspectiva única, alejándose del típico enfoque en la competencia y los logros. En lugar de eso, utiliza el tenis como una metáfora para explorar la motivación interna de los jugadores, revelando cómo la intensidad física del deporte refleja su compromiso con su arte. En este sentido, se asemeja más a Whiplash que a las típicas películas deportivas sobre lograr ganar un campeonato. Se parece más a Whiplash que a Wimbledon.
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Ambas profundizan en el perfeccionismo y sus ramificaciones destructivas. Desde su lanzamiento, la cinta de Chazelle ha generado un continuo debate sobre si los métodos extremos de Fletcher son impulsados por un genuino deseo de excelencia o si son simplemente abusivos. Paralelamente, parece que a Tashi no le interesa nada más que el tenis y su competitividad y obsesión la impulsan a llegar al extremo para lograr brillar, no solo ella, sino su esposo Art, que depende de la entrenadora.
Cuando los otros personajes la encuentran por primera vez, Tashi es una tenista con un gran potencial y una motivación feroz para ser la mejor a cualquier costo. Su afinidad inicial hacia Art Donaldson y Patrick Zweig surge de reconocer un impulso competitivo similar en ellos, aunque no puede conectar con ellos en ningún otro nivel.
Sin embargo, estas relaciones se vuelven explícitamente tóxicas, reminiscentes del estilo de mentoría de Fletcher hacia Andrew, cuando su carrera termina prematuramente. Después de esto, se casa con Art y asume el papel de su entrenadora de tenis, empujándolo constantemente hacia sus límites en la cancha. Sus motivaciones para presionarlo de esa manera resultan ser tan egoístas como las de Fletcher; impulsar la carrera de su esposo es una forma de revivir indirectamente sus propios días de gloria a través de él y lograr aquello que ella nunca pudo.
Un paralelismo notable entre Challengers y Whiplash es cómo ambos retratan a personas que llevan su pasión al límite, hasta el punto de la obsesión y la autodestrucción. Tashi está frustrada, Art odia seguir jugando y los comportamientos de los personajes de Whiplash les llevan a abusar y aceptar medidas y formas para nada saludables.
Todo esto converge en el final de ambas cintas: por un lado, la película musical ofrece un tenso y frenético cierre donde Andrew realizando un extenso solo de batería, finalmente se gana la aprobación de Fletcher. Sin embargo, el sentimiento inicial de triunfo no puede dejar de tener un matiz trágico, ya que aunque Andrew ha alcanzado la grandeza, lo ha logrado a expensas de someterse al abuso de su mentor.
En Challengers, el desenlace es igualmente dinámico, con Art y Patrick enfrentándose finalmente en una revancha de tenis después de varios años. Art recupera su confianza con renovado ímpetu competitivo contra Patrick, y parece ganar el partido tras una intensa ronda de desempate. Los ex amigos se abrazan por primera vez en años, Tashi estalla en aplausos desde las gradas, sin embargo, queda claro que, a pesar de este breve momento de triunfo, las relaciones entre estos personajes están motivadas principalmente por la pasión y la competencia, y por lo tanto, serán insostenibles y destructivas a largo plazo. Como resultado, la sensación de victoria es similarmente agridulce.
Dos películas fantásticas, apasionantes, llena de personajes que no responden a la categoría de buenos o malos sino que se ven inmersos en ambientes donde sus motivaciones son cuestionables pero ciertamente humanas. Challengers sigue en cines de casi todo el mundo mientras Whiplash se encuentra disponible en Netflix, Prime Video y Movistar+.


