La divertida comedia romántica de culto de los 90 que hay que ver antes de que abandone el streaming
But I’m a Cheerleader es una de las películas adolescentes y comedias románticas más brillantes de la década de los 90. Aunque en su momento no tuvo tan buen recibimiento por parte de la crítica, que la compararon de forma despectiva con las películas de John Waters y reprobaron su diseño de producción ultra colorido, hoy en día es un clásico de culto.
La película fue dirigida por Jamie Babbit y escrita por Brian Wayne Peterson, mientras que el papel principal cayó en manos de Natasha Lyonne. Clea DuVall, Cathy Moriarty, RuPaul, Michelle Williams, Mink Stole, Bud Cort y Julie Delpy, también forman parte del reparto, entre otros.
Se trata de una estilizada comedia romántica queer que merece ser vista por primera vez o ser redescubierta.
¿De qué se trata But I’m a Cheerleader?
Megan Bloomfield, una estudiante de secundaria aparentemente feliz y heterosexual. Es la típica chica estadounidense que ama ser porrista y sale con un jugador de futbol. Pero su existencia se da un giro de 180° cuando su familia sospecha que es lesbiana y la envían a un “campo de rehabilitación” donde cuestiona su sexualidad por primera vez.
La directora se inspiró en un artículo sobre la terapia de reorientación sexual y en su propia experiencia en la infancia con los programas de rehabilitación de drogadictos. Utiliza la premisa de la película para cuestionar la construcción social de los roles de género y la heteronormatividad. La cinta no es más que una sátira de la sociedad de la época.
Al momento de su estreno, en 1999, la película fue prohibida a menores de 17 años por la Motion Picture Association of America. Babbit realizó cientos de cortes para que la recatalogaran como apta para menores acompañados por adultos. La directora criticó a la MPAA por discriminar a las películas con contenido homosexual.
Un aporte a la cultura pop
La directora de But I’m a Cheerleader reveló que algunas de las influencias para la cinta fueron el cineasta John Waters, el fotógrafo David LaChapelle, la muñeca Barbie y la película El joven manos de tijera (1990).
Babbit buscaba que la producción y el diseño de vestuario reflejaran los temas de la película. Existe una progresión desde el mundo orgánico de la ciudad natal de Megan (donde los colores dominantes son el naranja y el marrón) hasta el mundo artificial de True Directions (dominado por rosas y azules intensos, que buscan mostrar la artificialidad de la construcción de género).
Otro dato curioso es que, según la directora, la fobia a los gérmenes del personaje Mary Brown representa la paranoia sobre el sida, y su mundo ordenado y limpio se encuentra lleno de flores de plástico y falsos disfraces de PVC.
¿Dónde se puede ver?
But I’m a Cheerleader está disponible en el catálogo de la plataforma de streaming MUBI.


