La película de época que rompió con los convencionalismos del género y hoy es un título obligado
El director Eric Rohmer fue uno de los grandes exponentes del cine francés, además de ser uno de los grandes intelectuales de la Nouvelle Vague. Su cine se caracterizaba por su sencillez y agudeza intelectual, donde los personajes a menudo se definen por su sentido de la moral.
En la década de los 70, Rohmer estrenó algunos de sus largometrajes más destacados como Mi noche con Maud y La rodilla de Clara. Sin embargo, en 1976 el director estrenó un drama de época que fue ampliamente aclamado por la crítica y sus seguidores.
La marquesa de O, basada en la novela de Heinrich von Kleist de 1805, es un laberinto de pasiones, prejuicios sociales y una búsqueda incansable por la verdad que nos confronta con las sombras de la honra y el deseo.
La marquesa, interpretada por una magnética Edith Clever, se encuentra en el epicentro de un escándalo que sacude a la sociedad italiana del siglo XVIII. Su embarazo, fruto de un acontecimiento traumático durante una invasión rusa, la convierte en blanco de miradas inquisitivas y juicios morales.
A través de una serie de flashbacks, descubrimos los acontecimientos que llevaron a la Marquesa a esta situación. Durante una invasión, la joven es rescatada por un valiente oficial ruso, el Conde F (Bruno Ganz). Sin embargo, el encuentro es breve, y el Conde desaparece sin dejar rastro. Meses después, el Conde reaparece y propone matrimonio a la Marquesa, quien, para sorpresa de todos, acepta.
Pero el misterio se profundiza cuando la Marquesa descubre que está embarazada. ¿Cómo pudo ocurrir esto si el Conde ya había muerto? La familia de la Marquesa, desconfiando de su versión de los hechos, la deshereda y la condena al ostracismo.
Para muchos, La marquesa de O podría ser una continuación de los Cuentos morales, una serie de seis películas que exploran dilemas morales de todo tipo. En el caso de este largometraje, el principal conflicto de la trama gira en torno al dilema moral de los personajes protagónicos.
Rohmer retrata la angustia que acompaña a ambos personajes deben soportar a medida que la trama avanza y deben enfrentar la avalancha de prejuicios y las convenciones de la época. En última instancia, la película es una reflexión sobre la condición humana y las complejidades de las relaciones humanas.
Lejos de ofrecer respuestas fáciles, nos envuelve en una atmósfera de misterio y ambigüedad. La fotografía de Néstor Almendros, con sus claroscuros y composiciones simétricas, acentúa la sensación de opresión y desasosiego que vive la protagonista.
A pesar de las décadas que nos separan del estreno de La marquesa de O, y la sociedad que retrata, se ha convertido en una película imprescindible del cine europeo que invita a cuestionar nuestros propios prejuicios y a reflexionar sobre la naturaleza del deseo, la culpa y la responsabilidad.


