Crítica de El sobreviviente, la nueva adaptación del libro de Stephen King

Edgar Wright estrena su nueva versión de El sobreviviente, una apuesta brutal y frenética que se queda en el entretenimiento y no aporta nada nuevo.

QUEVER

Ya llegó a los cines la nueva versión de El sobreviviente (The Running Man), una adaptación de la novela homónima de Stephen King, dirigida por Edgar Wright, el director británico conocido por títulos como Scott Pilgrim vs. los ex de la chica de sus sueños, Baby: el aprendiz del crimen o El misterio de Soho.

En esta ocasión, el siempre carismático Glen Powell, que saltó a la fama con Top Gun: Maverick, interpreta a Ben Richards, un tipo de clase trabajadora que vive junto a su esposa Sheila y su pequeña hija en un apartamento minúsculo. Él se encuentra desempleado y Sheila trabaja de camarera en un lugar de poca reputación, haciendo horas extras para poder sacar algún que otro billete. Sin embargo, no alcanza para solventar las dudas o para comprar una mejor medicina para su pequeña hija enferma.

Desesperado y sin muchas alternativas, Ben decide participar en uno de los tantos programas televisivos que ofrecen dinero a cambio de someterse a situaciones extremas. Pese a las objeciones de Sheila, Ben le promete que no se postulará para el reality más famoso y letal: The Running Man, en el que los concursantes deben sobrevivir durante treinta días mientras asesinos profesionales los persiguen por toda la ciudad, y los ciudadanos ganan recompensas si los denuncian.

Tráiler de El sobreviviente:

The Running Man - segunda tráiler

Como no podía ser de otra forma, Ben termina siendo seleccionado para el mencionado show, que es conducido por Bobby T (Colman Domingo), un presentador encantador pero sin escrúpulos, y el creador del programa, Dan Killian (Josh Brolin), que ve en Ben al candidato perfecto para hacer explotar el rating por los aires. De un momento a otro, Ben pasa a convertirse en el enemigo número uno, y deberá hacer todo lo que esté a su alcance para sobrevivir a esta despiadada competencia.

Desde los primeros minutos de película, Edgar Wright nos introduce en un mundo despiadado donde las diferencias de clase están a la orden del día, las injusticias se imponen como ley, y donde el entretenimiento se rige a base de violencia y humillaciones. Una dictadura corporativa en donde el poder y el dinero mandan.

Esta nueva versión de El sobreviviente se diferencia en muchos aspectos de la adaptación de 1987 que tenía a Arnold Schwarzenegger de protagonista. Es mucho más violenta y cruda. Sin embargo, se queda a mitad de camino a la hora de reflejar la falta de valores, el vacío moral y las atrocidades que vemos a diario.

the running man
Glen Powell interpreta a Ben Richards en El sobreviviente. 

Glen Powell interpreta a Ben Richards en El sobreviviente.

Fiel a su estilo, Wright vuelve a demostrar que su gran habilidad está en el ritmo y el montaje, frenético de principio a fin. Con una gran apuesta visual y una banda sonora punzante que marca cada escena. Pero en más de una ocasión, esta velocidad también juega en contra, ya que la mayoría de las veces los personajes secundarios se pierden, y aportan muy poco al desarrollo de la historia.

Lo mismo ocurre con el propio protagonista. Si bien Powell aporta presencia y carisma, pero su Ben termina siendo bastante unidimensional. Sí es un hombre agobiado, violento, cansado de las injusticias y de la explotación por parte de la clase dominante. Pero no hay mucho más que eso.

El sobreviviente es una película entretenida, pero en sus 133 minutos de duración podría haber hecho un poco más por expandir ese mundo y darle más propósito a sus personajes. En una sociedad consumida por el entretenimiento y la violencia, el filme no hace más que replicar la fórmula sin decir nada nuevo.