Esta comedia dramática de Tailandia es una de las películas más extrañas y emotivas del año ¿Ya la viste?

Una comedia dramática tailandesa sorprende por su sensibilidad y se volvió una de las películas del año. Te contamos de qué se trata.

Un fantasma servicial: extraña, conmovedora y profundamente política.

Un fantasma servicial: extraña, conmovedora y profundamente política.

Best Friend Forever

En la ciudad que retrata Un fantasma servicial (A Useful Ghost), los edificios son demolidos en nombre de la modernización y la contaminación se cobra vidas como un daño colateral inevitable. En ese contexto asfixiante, la película se atreve a plantear una pregunta tan absurda como incómoda: ¿qué pasa cuando ni siquiera la muerte libera a las personas de la lógica del mercado?

El debut como director de Ratchapoom Boonbunchachoke se presenta como una comedia dramática surrealista, pero rápidamente revela una ambición mucho mayor. Bajo su humor seco y su imaginería insólita (donde los muertos pueden poseer electrodomésticos) se articula una crítica feroz al capitalismo tardío, a la destrucción de la memoria colectiva y a las formas en que el sistema decide qué vidas son útiles y cuáles pueden ser descartadas.

Un fantasma servicial no busca ser sutil. Está deliberadamente saturada de ideas, tonos y símbolos, como el propio clima sociopolítico contemporáneo. No todo encaja de manera perfecta, pero cuando la cinta encuentra su eje emocional, logra algo poco común: convertir una premisa absurda en un relato profundamente humano sobre el amor, el duelo y la imposibilidad de seguir adelante sin dejar nada atrás.

¿De qué se trata Un fantasma servicial?

Un fantasma servicial (1)
Un fantasma servicial, película made in Tailandia.

Un fantasma servicial, película made in Tailandia.

En un mundo donde los fantasmas existen y conviven con los vivos, Nat muere a causa de la contaminación ambiental y su espíritu posee una aspiradora nueva, fabricada por la empresa de su suegra. Aunque su cuerpo ha desaparecido, su amor por March, su esposo, permanece intacto. Él puede verla en forma humana; para el resto, Nat es apenas un electrodoméstico rojo. Mientras intentan sostener su vínculo en medio del duelo, ambos se enfrentan a una sociedad que solo tolera lo diferente si puede obtener algún beneficio de ello.

La película construye su universo desde una lógica casi folclórica. La posesión de objetos domésticos no sorprende a nadie: forma parte de un sistema donde incluso lo sobrenatural debe someterse a reglas administrativas y económicas. En ese marco, el cineasta despliega un humor cada vez más incómodo, mostrando cómo los fantasmas también deben justificar su existencia, atravesar trámites y demostrar que siguen siendo productivos.

El filme aborda de manera frontal la exclusión de las identidades queer, la hipocresía del tradicionalismo y la facilidad con la que el afecto es negociado cuando entra en juego el dinero.

Desde lo visual, es una propuesta es hipnótica. Su paleta de colores intensos remite tanto al primer Almodóvar como al artificio pop, mientras su tono onírico dialoga con el cine de Apichatpong Weerasethakul. Esa belleza, sin embargo, no es gratuita: funciona como una trampa que nos obliga a preguntarnos por qué nos seduce tanto lo nuevo, incluso cuando implica borrar lo que existía antes.

En un panorama cinematográfico cada vez más homogéneo, esta producción tailandesa se destaca por su riesgo, su sensibilidad y su capacidad para transformar una aspiradora poseída en una de las metáforas más tristes y lúcidas del cine reciente.