Final explicado de Backrooms, la película de terror de la que todos hablan
El ambiguo final de la película podría permitir que exista una secuela, pero A24 todavía no ha confirmado que vaya a suceder.
Backrooms sorprende con su ambiguo final
A24Una alfombra amarillenta que se extiende sin límite, paredes que se repiten hasta el infinito y un zumbido eléctrico que nunca se apaga: ese es el escenario que Backrooms convirtió en uno de los espacios más reconocibles del terror contemporáneo.
Lo que empezó como un fenómeno de internet, alimentado por la cultura del creepypasta, llegó a la pantalla grande de la mano de Kane Parsons y del estudio A24, y su final —ambiguo, inquietante y deliberadamente abierto— se transformó en tema de conversación obligado. A continuación desarmamos pieza por pieza ese desenlace.
Antes de entrar al cierre conviene entender qué clase de película es esta. Parsons, que ya había construido un universo a partir de su serie web hecha casi por completo de imágenes en primera persona y metraje encontrado, se asoció con el guionista Will Soodik para algo distinto: un relato que arranca con el tono de un drama independiente de comienzos de los 2000 y va virando hacia lo que muchos llaman "horror liminal". Es esa rama del terror donde lo cotidiano se vuelve amenazante, en la misma línea de títulos como "Skinamarink", "Exit 8" o "Undertone", que prefieren el desasosiego sostenido al susto fácil.
Final explicado de Backrooms
El relato gira alrededor de dos personajes. Clark, interpretado por Chiwetel Ejiofor, es un hombre amargado por el fracaso de su carrera como arquitecto y por una relación pasada que la película insinúa como abusiva. Su terapeuta es la doctora Mary Kline, a cargo de Renate Reinsve, una profesional con un método propio que promete liberación emocional a quien se anime a abrirse del todo. Cuando Clark desaparece tras contar que descubrió un portal en el sótano de su mueblería de descuento —una puerta que conecta con una dimensión imposible—, Mary decide investigar por su cuenta.
Esa investigación no es inocente. Mary carga con su propia historia: una madre con una enfermedad mental que la mantuvo encerrada junto a ella durante toda su infancia, hasta que se la llevaron. Movida por esos fantasmas, entra a los pasillos infinitos y encuentra a Clark viviendo allí, rodeado de "habitantes" del lugar: copias que el espacio genera a partir de personas reales. La versión que el reino creó de Clark es su lado más oscuro hecho carne: una criatura altísima, deforme y violenta, vestida con el odiado disfraz de "Captain Clark", la mascota de su negocio.
Acá llega el tramo más sangriento del final. Ese monstruo ya había asesinado a los empleados de Clark, Bobby (Finn Bennett) y Kat (Lukita Maxwell), que exploraban los pasillos junto a él cuando fueron atacados. Clark intenta razonar con la criatura, pero esta lo muerde fatalmente en el cuello y se lanza tras Mary. Ella logra escapar del Captain Clark, aunque solo para caer en manos de los representantes de la corporación Async, la empresa que estudia el fenómeno. Mientras Phil (Mark Duplass), uno de sus agentes, la interroga, la imagen se traslada a otra zona del lugar: una réplica de la casa de la infancia de Mary y una versión mutada de ella misma.
Es justo en ese montaje donde el terror vira hacia lo existencial. Esas recreaciones —escenarios ya vistos y un doble de Mary atrapado en el espacio— sugieren que los pasillos funcionan como un reflejo de las personas y los objetos del mundo real. No queda claro si el lugar es maligno por naturaleza, pero la lectura que propone la película es contundente: puede volverse el infierno personal de quien arrastra heridas sin resolver. ¿Esa figura final es una versión monstruosa de Mary o apenas su copia perdida y solitaria, como el resto de los habitantes? El relato deja la respuesta flotando.
La ambigüedad alcanza incluso al destino de la propia protagonista. A primera vista parece que Mary sale con vida, pero nunca se la ve cruzar de vuelta un portal hacia la realidad, y la propia instalación de Async donde la interrogan podría estar dentro de los pasillos. Esa duda sostiene la puerta abierta para su regreso. Y si efectivamente volvió al mundo real cargando semejante experiencia, es difícil pensar que ni ella ni los poderes que manejan el fenómeno dejen el tema en paz.
El futuro de la saga también queda planteado dentro del mismo final. La serie web ya estableció que Async abrió la puerta a este reino por accidente en 1989, y la película transcurre en 1990, con la compañía todavía desordenada y lejos de controlar lo que descubrió: antes de toparse con el fenómeno, Async solo fabricaba resonadores magnéticos. Una eventual secuela podría seguir a Phil mientras investiga a nuevas víctimas, optar por una estructura de antología o recuperar a Mary como la "Final Girl" del relato, en sintonía con la tradición del género. Incluso el Captain Clark podría reaparecer: lo último que vemos de su cuerpo —quizá no del todo muerto— es a los científicos de Async estudiándolo.
Queda, finalmente, una contradicción de fondo. Todo este análisis sobre el final choca con la idea misma del proyecto: los pasillos parecen extenderse para siempre, y un cierre nítido sería casi una traición a esa premisa. Parsons defiende el misterio como parte esencial de su visión, y A24 ha mostrado que prefiere cuidar al autor antes que acelerar secuelas, como hizo dándole tiempo a la continuación de "Talk to Me". Si una nueva entrega de Backrooms llega, probablemente lo haga sin apuro, ofreciendo algunas respuestas más y, sobre todo, decenas de nuevas preguntas.



