Hamnet: Chloé Zhao reimagina el duelo de William Shakespeare desde una mirada íntima y profundamente humana

Inspirada en la novela de Maggie O’Farrell, la nueva película de Chloé Zhao se aleja de la biografía tradicional para retratar el duelo de una madre.

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En Hamnet, Chloé Zhao vuelve a moverse con comodidad en un terreno que le es propio: el de los vínculos íntimos, la experiencia de la pérdida y el modo en que las personas se relacionan con el mundo que las rodea. A partir de la novela de Maggie O’Farrell, la película propone una lectura posible del impacto que tuvo la muerte del hijo de William Shakespeare en su obra más famosa, Hamlet, pero evita el camino obvio. En lugar de centrarse en el dramaturgo, elige mirar desde Agnes Hathaway y construir el relato desde el duelo íntimo y contenido de una madre.

Hamnet deja de lado la lógica del biopic clásico para construir algo más cercano a una vivencia que a un relato histórico. A su directora no le interesa enumerar acontecimientos ni fijar fechas, sino detenerse en lo que suele quedar fuera de campo: la rutina doméstica, los lazos familiares, ese dolor que se instala de manera casi imperceptible en los gestos más simples. El filme avanza sin apuros, con una cadencia contemplativa que apuesta a la fuerza de las imágenes y a la capacidad del espectador de leer entre líneas.

Jessie Buckley ofrece una de las interpretaciones más notables de su carrera. Su Agnes es una figura profundamente arraigada a la naturaleza, intuitiva, fuerte y vulnerable a la vez. La actriz construye el personaje desde el cuerpo y la emoción, sin necesidad de grandes discursos, y sostiene el corazón de la película con una presencia magnética. Paul Mescal, como Shakespeare, acompaña con una actuación más contenida, que funciona en contraste con la intensidad de Agnes y refuerza la distancia emocional que se abre entre ambos tras la tragedia.

Mirá el tráiler de Hamnet de Chloé Zhao:

Hamnet - Tráiler oficial subtitulado

En el plano formal, Hamnet es de una belleza excepcional. La fotografía de Lukasz Zal al captura la luz, los paisajes y los cuerpos con una delicadeza que potencia el tono elegíaco del relato. Cada plano parece pensado para transmitir una emoción antes que una información. La música de Max Richter, lejos de ser un simple acompañamiento, se integra al relato como una corriente emocional constante, envolviendo al espectador y amplificando el impacto de los momentos más íntimos.

Uno de los mayores aciertos del filme es su forma de pensar el vínculo entre vida y creación artística. Zhao no propone una explicación literal ni cerrada sobre el origen de Hamlet, sino que sugiere una conexión más profunda y humana: la imposibilidad de nombrar el dolor, y la necesidad de transformarlo en algo que sobreviva. En ese sentido, Hamnet no intenta descifrar el genio de Shakespeare, sino mostrar cómo el arte puede surgir del amor y la pérdida.

Hamnet es una obra delicada, conmovedora y profundamente humana. Una película que confía en la emoción, en el silencio y en la imagen, y que encuentra en la figura de Agnes una mirada renovadora sobre un mito culturalmente masculino. Chloé Zhao firma aquí una de sus películas más sensibles y maduras: un relato sobre el duelo que no busca respuestas fáciles, sino acompañar al espectador en la experiencia de sentir.

Hamnet llega a los cines el próximo 5 de febrero.