La película que tambaleó el sueño de Steven Spielberg por ser demasiado perfecta
Esta película hizo dudar a Steven Spielberg de su camino como director pero también fue la misma que lo empujó a seguir soñando con el cine.
Esta es una de las películas favoritas de Steven Spielberg .
Solemos imaginar a las leyendas del cine como figuras que nacieron sabiendo lo que querían, inmunes a la inseguridad y a la comparación. Pero incluso los más brillantes tuvieron un punto de partida y, a veces, ese punto vino con una sacudida inesperada. Steven Spielberg, el nombre detrás de algunas de las películas más influyentes de la historia, no siempre tuvo claro su camino. De hecho, hubo una película tan colosal que por un instante creyó que ni siquiera tenía sentido intentarlo.
Se trata de Lawrence de Arabia, el clásico dirigido por David Lean en 1962. Spielberg tenía apenas 16 años cuando la vio por primera vez en un cine equipado con una proyección de 70 mm y sonido estereofónico. Fue tan potente la experiencia que, según recordó años después, pensó seriamente en dejar atrás su sueño de convertirse en director. "Cuando la película terminó, quise dejar de ser director. Porque el listón era demasiado alto", confesó.
¿Qué tenía Lawrence de Arabia que generó semejante impacto en Steven Spielberg?
Una cinematografía revolucionaria, una narrativa que escapaba de lo tradicional y una pregunta central que aún retumba en Spielberg: “¿Quién soy yo?”. El joven Steven entendió por primera vez que una película podía plantear interrogantes existenciales sin perder fuerza narrativa. El desierto filmado como un personaje más, las pausas, las marcas de los camellos en la arena… cada detalle lo fascinó y lo abrumó al mismo tiempo.
Pero la historia no terminó con ese primer visionado. Lejos de apartarse del cine, Spielberg regresó a ver Lawrence de Arabia una y otra vez. En total, la vio tres veces en pocas semanas y algo en él cambió. “Me di cuenta de que no había vuelta atrás. Esto era lo que iba a hacer o moriría en el intento”, declaró. Esa experiencia fue una bisagra: de la duda nació la convicción y del asombro, la certeza.
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Años después, al hablar con el American Film Institute, describió la película como “un milagro”. Y no se refería a los efectos especiales, sino a la forma artesanal con la que se construyeron las ilusiones. Spielberg quedó atrapado por detalles técnicos mínimos, como las huellas que los animales dejaban en el desierto. Esos elementos despertaron en él una obsesión por entender cómo se hacía una película, por desarmarla y volver a construirla desde la pasión.
Lawrence de Arabia cuenta la historia real de T. E. Lawrence, un oficial británico que desempeñó un papel clave en la rebelión árabe contra el Imperio Otomano durante la Primera Guerra Mundial. Interpretado por Peter O’Toole, el personaje atraviesa un viaje físico y existencial a través del desierto y de sí mismo. El film se aleja del típico relato bélico para explorar temas de identidad, ambigüedad moral y poder. Su estilo y forma de realizarse marcó un antes y un después en la historia del cine; fue un éxito crítico y de taquilla, y aún hoy es considerada una obra maestra insuperable.
Hoy pueden verse en buena parte de la filmografía de Steven Spielberg los rastros de Lawrence de Arabia que quedaron incrustados en su alma, especialmente en Indiana Jones, donde se respira el mismo espíritu de aventura, con héroes complejos y escenarios imponentes. El director estadounidense no solo rindió homenaje a David Lean, sino que también supo transformar ese “milagro” en el motor que impulsó una de las carreras más brillantes del cine. Es que incluso los gigantes empezaron como espectadores asombrados frente a la pantalla.



