Murió Marjane Satrapi: por qué Persépolis es una de las obras más importantes de la historia del cine animado

La historietista y cineasta franco-iraní que convirtió su infancia en Teherán en una de las obras más importantes del cine animado murió hoy a los 56 años.

Una película que es fundamental en la historia del cine.

Una película que es fundamental en la historia del cine.

Había una niña en Teherán que quería una campera de jean y un póster de Iron Maiden. Que iba a la escuela con velo y en su casa escuchaba Pink Floyd. Que veía cómo su país se transformaba en algo que no reconocía y que un día decidió contarlo todo, dibujando en blanco y negro con una precisión que el color hubiera distraído. Esa niña se llamaba Marjane Satrapi, y este jueves 4 de junio murió a los 56 años. Su círculo íntimo informó a la agencia AFP que falleció de tristeza, poco más de un año después de la muerte de Mattias Ripa, su esposo y el amor de su vida.

El mundo del cine y la cultura sintió la noticia como un golpe. Emmanuel Macron la describió como "una artista inmensa que convirtió una infancia iraní en una fábula universal". Thierry Frémaux, delegado general de Cannes, escribió que encarnaba "la alegría de la creación y la tristeza del exilio". Y de repente, todos volvieron a hablar de Persépolis. Porque para entender por qué su muerte importa más allá de los que la seguían de cerca, hay que entender qué es esa obra y por qué sigue siendo tan necesaria.

Por qué Persépolis importa aunque no sepas nada de Irán

Satrapi publicó la novela gráfica en el año 2000, narrando su propia infancia en Teherán bajo la Revolución Islámica. La adaptación de animación llegó en 2007, dirigida por ella misma junto a Vincent Paronnaud, ganó el Premio del Jurado en Cannes y se convirtió en la primera nominación de una mujer creadora en la categoría de Mejor Film de Animación en la historia de los Oscar. Una película en blanco y negro sobre la revolución iraní nominada al Oscar. Eso solo ya dice algo sobre su poder.

marjane satrapi shutterstock
Marjane Satrapi murió este jueves 4 de junio.

Marjane Satrapi murió este jueves 4 de junio.

Lo que hace a Persépolis tan duradera es que no empieza con la historia de Irán sino con la historia de una persona. Con los miedos de una nena, con el orgullo de una familia, con la confusión de crecer en un país que de repente tiene otras reglas. Esa combinación de memoria personal y represión política es exactamente lo que explica que una película así haya conectado con millones de personas en todo el mundo que no tienen ninguna relación con ese país ni con esa historia.

Cuando Marji llega a Austria a los 14 años, Persépolis se convierte en otra cosa: un relato sobre la migración y sobre la dificultad de pertenecer a dos mundos que no terminan de aceptarte. La protagonista lo resume en una frase: "Soy una occidental en Irán, una iraní en Occidente. No tengo identidad." Esa fractura es la dimensión más universal de la obra y la razón por la que conectó con lectores migrantes, exiliados y cualquiera que alguna vez sintió que no encajaba del todo en ningún lugar.

La película fue censurada en Irán y en otros países, lo que paradójicamente amplió su alcance. Se convirtió en material educativo en escuelas de todo el mundo, en un documento que permitió conocer la historia iraní desde adentro, no desde los noticieros.

El lugar que ocupa en la historia del cine

persepolis
La película y la novela gráfica fue prohibida o retirada temporalmente en países como Irán y Líbano, además de enfrentar censura en algunos distritos escolares de Estados Unidos por su contenido político, religioso y las escenas de violencia que retrata.

La película y la novela gráfica fue prohibida o retirada temporalmente en países como Irán y Líbano, además de enfrentar censura en algunos distritos escolares de Estados Unidos por su contenido político, religioso y las escenas de violencia que retrata.

Persépolis demostró que la animación podía ser un vehículo para el testimonio político y personal con la misma potencia que cualquier otro lenguaje cinematográfico. Que una novela gráfica autobiográfica en blanco y negro podía competir en Cannes, ser nominada al Oscar y convertirse en material de estudio universitario al mismo tiempo. Abrió una puerta que el cine animado para adultos todavía sigue atravesando.

Satrapi no se quedó quieta después de eso. En su última obra, Mujer Vida Libertad, reunió a diecisiete autores de cómic para narrar la revolución del velo en Irán, demostrando que hasta el final siguió siendo la misma persona que de niña se enfrentaba a sus profesoras de religión con el caso de su tío preso político. "El arte de la rebeldía es un combate cotidiano", escribió alguna vez. Hoy, esa frase es también su epitafio.