Muere a los 87 años Claudia Cardinale, la estrella del cine italiano
Claudia Cardinale, actriz de El Gatopardo y 8½, murió a los 87 años, siendo uno de los íconos del cine europeo y de Hollywood.
Claudia Cardinale en El gatopardo, de Luchino Visconti.
Twentieth Century Fox Film CorpoEl cine vuelve a estar de luto. Claudia Cardinale, una de las actrices más icónicas del séptimo arte, murió a los 87 años en Nemours, cerca de París, según confirmó su representante. Su nombre queda ligado a grandes directores como Federico Fellini, Luchino Visconti y Sergio Leone, y a títulos que marcaron la historia del cine como El Gatopardo, 8½ y Érase una vez en el Oeste.
Nacida en Túnez en 1938, hija de inmigrantes sicilianos, su vida parecía estar destinada a otra cosa hasta que un certamen la catapultó al centro de la escena. Fue elegida “La italiana más bella de Túnez” y enviada al Festival de Venecia, donde la industria no tardó en fijarse en ella. Entre las luces de los focos y el glamour del Lido, la joven que soñaba con ser maestra descubrió un camino inesperado que terminaría por convertirla en leyenda.
El nacimiento de una estrella
Su debut cinematográfico fue en Goha (1958), junto a Omar Sharif, y ese mismo año tuvo un papel en un filme de éxito internacional, Rufufú (I soliti ignoti), protagonizado por Vittorio Gassman.
Su papel en La chica con la valija (1961) le valió su primer David di Donatello, pero fue en 1963 cuando su nombre quedó grabado para siempre. Ese año rodó tres clásicos absolutos: El Gatopardo, 8½ y La Pantera Rosa. Con Luchino Visconti, Federico Fellini y Blake Edwards, Cardinale demostró que podía ser la mujer que encarna el cambio social en Sicilia, la musa enigmática de un director en crisis o la princesa glamorosa en una comedia hollywoodense.
A la conquista de Hollywood
Tras brillar en la pantalla europea, Hollywood no tardó en abrirle sus puertas. Compartió pantalla con John Wayne, Burt Lancaster, Rita Hayworth y Steve McQueen, pero su gran momento llegó con Sergio Leone en Érase una vez en el Oeste. Allí interpretó a Jill McBain, una ex prostituta que lucha por sobrevivir en un mundo despiadado. Su actuación, cargada de fuerza y sensualidad, se convirtió en uno de los retratos femeninos más poderosos del spaghetti western.
Su estilo era único. Voz grave, mirada intensa y una elegancia natural que trascendía modas. Aunque muchas veces fue asociada a su belleza, Cardinale siempre defendió la importancia de elegir papeles con sentido, rechazando roles que pudieran comprometer su integridad. "Nunca aceptes un personaje que te lastime", advirtió alguna vez a las nuevas generaciones de actrices.
Con más de 130 películas, la actriz trabajó con maestros como Werner Herzog (Fitzcarraldo), Marco Ferreri, Marco Bellocchio y nuevamente con Visconti en Conversation Piece. También se animó al teatro y hasta tuvo un fugaz paso por la música disco en los años setenta. En 1993 recibió el León de Oro honorífico en el Festival de Venecia, y en 2008 la Legión de Honor en Francia, país donde residió en sus últimos años.
A lo largo de su carrera, Claudia Cardinale nunca dejó de trabajar ni de luchar contra los clichés que querían reducirla a una “bella italiana”. Fue madre, actriz, musa y rebelde, y supo abrir camino en una industria donde las mujeres rara vez tenían voz propia.


