Dónde se filmó El mapa de los anhelos, la serie que triunfa en Netflix
La serie de Netflix basada en la novela de Alice Kellen se filmó en varias ciudades españolas, pero su trama también viaja por destinos internacionales.
El mapa de los anhelos triunfa en Netflix
El recorrido físico y emocional que emprende Greta tras perder a su hermana no solo conmovió a los suscriptores de Netflix: también despertó una curiosidad muy concreta sobre los paisajes que la acompañan en cada capítulo. El mapa de los anhelos, la serie de Netflix basada en la exitosa novela de Alice Kellen, combina romance, duelo y sanación en una historia que se apoya tanto en sus personajes como en los escenarios que los rodean. Por eso, buena parte de la audiencia terminó preguntándose lo mismo: ¿dónde se filmó realmente esta emotiva adaptación?
La respuesta principal está en España. El grueso del rodaje se concentró en la capital, Madrid, y en la región de Galicia, dos ubicaciones que aportan registros muy distintos a la narrativa. En Madrid se capturaron las escenas ligadas a la rutina y al día a día de la protagonista, mientras que los paisajes gallegos funcionaron como telón de fondo natural, con entornos abiertos que refuerzan el tono íntimo del relato.
Mirá el tráiler:
El mapa emocional de la trama, sin embargo, se extiende mucho más allá de las fronteras españolas. La historia menciona destinos internacionales como los Pirineos, Roma y Viena, puntos clave para el avance del argumento. Parte de esas secuencias se resolvió con efectos visuales y unidades de rodaje específicas en exteriores, un recurso habitual para sostener la ambición geográfica de una serie que hace del viaje su columna vertebral.
Los rincones imperdibles que muestra la serie de Netflix
Para quienes quieran seguir los pasos de la producción, Madrid ofrece una propuesta cultural prácticamente inagotable. El llamado Paisaje de la Luz —que reúne el Paseo del Prado y el parque del Retiro— fue declarado Patrimonio de la Humanidad y concentra buena parte del atractivo museístico de la ciudad. A pocos minutos, la Plaza Mayor se mantiene como uno de los corazones históricos de la capital, ideal para disfrutar de la gastronomía local y del pulso cotidiano madrileño.
Pamplona, por su parte, aparece como complemento perfecto para una escapada con espíritu cinematográfico. Su trazado medieval, sus murallas renacentistas y su vínculo con la ruta jacobea la vuelven especialmente atractiva: la Catedral de Santa María, un imponente monumento gótico que guarda el mausoleo de Carlos III el Noble; La Ciudadela, una fortificación pentagonal convertida hoy en pulmón verde; y la Plaza del Castillo, epicentro social de la ciudad con terrazas y cafés históricos como el Iruña, que supo frecuentar Hemingway.


