Dónde se filmó Los colores del mal: Negro, el thriller polaco que arrasa en Netflix
La nueva película de Netflix aprovecha escenarios reales para potenciar su historia.
Los colores del mal: Negro se filmó en Polonia
Detrás de la atmósfera inquietante de Los colores del mal: Negro hay escenarios reales que potencian cada escena de tensión. El nuevo thriller polaco de Netflix, dirigido por Adrian Panek, fue rodado de punta a punta en Polonia, aprovechando pueblos antiguos, fortalezas medievales y rincones aislados que funcionan como un personaje más dentro de la historia. La elección de las locaciones no fue casual: cada espacio aporta esa sensación de encierro y de secretos enterrados que define al relato.
La película, adaptación de la exitosa novela de Magorzata Oliwia Sobczak titulada originalmente “Kolory za. Czer”, sigue al fiscal Leopold Bilski, que es trasladado a un apacible pueblo de la región de Casubia para investigar la desaparición de un joven del lugar. A medida que avanza en el caso, el protagonista descubre conexiones perturbadoras con una antigua causa de personas desaparecidas y termina vinculando una siniestra leyenda local con los hechos. El elenco está encabezado por Jakub Giersza, Marianna Zydek, Zdzisaw Wardejn, Róa ukaszewicz, Beata cibakówna y Adam Bobik.
Mirá el tráiler:
Dónde se filmó la película
El rodaje se concentró durante algunos meses de 2025, presumiblemente entre septiembre y octubre, y se repartió por varias provincias polacas: Pomerania, Gran Polonia, Pomerania Occidental, Santa Cruz y Baja Silesia. Sin embargo, el corazón de la producción latió con fuerza en el Voivodato de Pomerania, donde se ubicó buena parte de los exteriores e interiores que dan forma al universo visual de Los colores del mal: Negro.
En Gdask, capital de esa región, las cámaras se instalaron en la Isla de los Graneros (Wyspa Spichrzów), en el distrito de ródmiecie, y también en la zona de Partyzantów, dentro del barrio de Wrzeszcz. Pero fue el histórico pueblo de Gniew, asentado a orillas del río Vístula, el que se llevó el protagonismo. Allí se filmó incluso en dependencias municipales como la Oficina de la Ciudad y la Comuna de Gniew, ubicada en la Plac Grunwaldzki, en pleno centro administrativo junto a la plaza del mercado.
Uno de los puntos más fotogénicos del rodaje fue el Hotel Castillo de Gniew, montado dentro de una fortaleza teutónica del siglo XIV restaurada. Su arquitectura gótica y su decoración de inspiración medieval resultaron ideales para construir el clima ominoso que respira la película, al punto de que la vibrante secuencia del festival se grabó entre esos muros. La Iglesia de San Nicolás, en la calle Kursikowskiego, sumó interiores y exteriores que reforzaron el tono sombrío, mientras que las calles angostas de Gniew transmitieron a la perfección esa idea de aislamiento y de verdades ocultas.
Como suele ocurrir en proyectos ambientados en localidades chicas, la producción de Netflix ofreció a los vecinos la posibilidad de participar como extras, un detalle que aportó autenticidad al resultado final y que dejó a los residentes agradecidos por la experiencia de trabajar en un set real. Más allá de Gniew, el equipo también filmó en el asentamiento de Wilany, en el municipio de Parchowo, en la aldea de Gostomia dentro de Gmina Wacz, en Kocielna Wie (condado de Pleszew, Gran Polonia) y en puntos como Zamkowa Wola y la Plaza Grunwald de la ciudad de Wrocaw.


