Mi año en Oxford: así cambia el final de la película de Netflix frente al libro original
El drama romántico Sofia Carson y Corey Mylchreest ya es lo más visto de Netflix, y a continuación te contamos cómo cambia el final de la historia. Esta nota tiene SPOILERS de la película y el libro.
El romance se ha convertido en uno de los géneros más populares del streaming, y Netflix lo sabe. Es por eso que el streamer ha dado en la tecla con Mi año en Oxford (My Oxford Year), su más reciente adaptación protagonizada por Sofia Carson y Corey Mylchreest.
La película sigue a Anna, una brillante estudiante que viaja desde Estados Unidos para hacer un curso de poesía victoriana en Oxford. Todo va según lo planeado hasta que conoce a Jamie, un carismático profesor británico con quien entabla un vínculo que pasa rápidamente de lo casual a algo mucho más profundo. Lo que Anna no sabe es que Jamie padece una enfermedad y ha decidido no seguir con el tratamiento para aprovechar al máximo el tiempo que le queda.
Mi año en Oxford se basa en la novela homónima de Julia Whelan, pero el final de la película toma un rumbo distinto al de la historia original, y a continuación te explicamos por qué.
El final de Mi año en Oxford es distinto al del libro
En el libro, Jamie sobrevive gracias a un tratamiento experimental, y ambos logran cumplir su sueño de recorrer Europa juntos. Pero en la versión que llegó a Netflix, el destino es mucho más trágico, Jamie muere, y Anna decide hacer ese viaje sola, llevándolo con ella en sus recuerdos.
Lo cierto es que este cambio no fue casual. Según revelaron los protagonistas y productores, se debatió hasta último momento si Jamie debía vivir o morir. Algunos querían un final más esperanzador, donde el amor triunfa por sobre todo. Pero tanto Carson como Mylchreest sintieron que, para ser fieles al espíritu del personaje y a sus convicciones, era necesario mostrar la pérdida.
Hacia al final de la película de Mi año en Oxford, un montaje nos muestra a Anna y Jaime recorriendo los lugares que él soñaba con mostrarle (Venecia, París, Ámsterdam, Atenas), para luego descubrir que ella hizo el viaje sola, como una forma de honrar la memoria de él. Luego, Anna regresa a Oxford, donde aparece dando su primera clase, replicando las palabras con las que Jamie comenzó su curso.
"Queríamos que el final dejara una sensación de esperanza. Que el amor no termina con la muerte, sino que sigue transformando", explicó Sofia Carson, cuyo personaje debe enfrentarse a la difícil decisión de Jamie, de querer morir con dignidad y sin volver a atravesar todo lo que padeció su hermano.
Para Carson, que también fue productora del film, lo más importante era transmitir que incluso en la pérdida puede haber luz. Su personaje no ruega, no exige ni dramatiza, simplemente acompaña, entiende y ama. Una forma de amor incondicional que no siempre se ve en pantalla.
Por su parte, Mylchreest habló sobre el proceso de interpretar a un personaje que enfrenta su propia mortalidad. "Es imposible no replantearte cosas cuando estás interpretando a alguien así. Hablar con personas que atravesaron enfermedades terminales o perdieron a seres queridos te cambia la forma de ver la vida", contó.
Mi año en Oxford no es una historia feliz en el sentido tradicional, pero sí es una historia profundamente humana. Una película conmovedora, que invita a reflexionar y que probablemente te deje con alguna que otra lágrima de por medio. De hecho, muchos usuarios de Netflix creyeron que estaban a punto de encontrarse con una comedia romántica, para encontrarse con una historia un poco más profunda. Porque como dice la famosa frase que la acompaña: "Es mejor haber amado y perdido, que no haber amado nunca".



