Netflix: la historia real detrás de La casa de la pradera

Este jueves desembarcó en Netflix la nueva versión de La casa de la pradera, una relectura adulta y renovada de los libros autobiográficos que Laura Ingalls Wilder publicó.

La casa de la pradera llegó este jueves a Netflix

La casa de la pradera llegó este jueves a Netflix

Este 9 de julio desembarcó en Netflix la nueva versión de La casa de la pradera, una relectura adulta y renovada de los libros autobiográficos que Laura Ingalls Wilder publicó bajo el título 'Little House Books'. La producción llega con una promesa distinta a la de su antecesora: acercarse más a lo que realmente vivió la escritora estadounidense. Muchos televidentes guardan en la memoria la adaptación original de 1974, protagonizada por Michael Landon, Karen Grassle y Melissa Gilbert, que superó los 200 episodios y retrató a los Ingalls como una familia cristiana, bondadosa y ejemplar instalada en un pueblo del Oeste norteamericano alrededor de 1870.

Sin embargo, la historia real que inspiró aquel fenómeno televisivo fue bastante más oscura de lo que se vio en pantalla. La publicación de 'Pioneer Girl', la autobiografía sin censura de la autora, sacó a la luz un costado mucho más crudo de la vida en la frontera estadounidense del siglo XIX. Charles Ingalls, el padre, instaló a los suyos en tierras de la reserva indígena de los Osage, una ocupación ilegal que terminó con la familia expulsada por el ejército. Las mudanzas constantes por deudas, malas cosechas y pérdida de tierras marcaron su vida, al punto de atravesar hambrunas tan graves que dependieron de la ayuda de vecinos para no morir de frío o desnutrición.

Mirá el tráiler de la serie:

La historia real que inspiró la serie

La verdadera Laura nació en 1867 en los bosques de Wisconsin y su infancia estuvo lejos de ser un juego. Como no hubo varones que sobrevivieran en la familia, debió encargarse de trabajos físicos pesados en el campo junto a su padre. A los 15 años, sin haber podido completar la escuela de manera continua, comenzó a dar clases en escuelas rurales alejadas de su hogar para costear la educación especial de su hermana Mary, que había quedado ciega. Antes de convertirse en novelista, fue una columnista respetada: firmaba como "La Sra. A.J. Wilder" en el periódico Missouri Ruralist, donde escribía sobre agricultura, economía doméstica y el rol de las mujeres rurales.

Lo que pocos saben es que sus célebres libros no nacieron de la nostalgia, sino de la necesidad. La Gran Depresión de 1929 se llevó todos los ahorros que Laura y su esposo habían acumulado, y con más de 60 años, ante el fantasma de una vejez en la pobreza extrema, decidió volcar sus recuerdos de infancia al papel para generar ingresos. Su matrimonio con Almanzo Wilder, con quien se casó a los 18, también estuvo atravesado por la desgracia: su primer hijo varón murió a los 12 días de nacido sin recibir nombre, y poco después Almanzo sufrió un derrame que lo dejó rengo de por vida, obligado a usar bastón. A eso se sumaron una plaga que arrasó sus cultivos, una granizada que destruyó la cosecha siguiente y un incendio que consumió su casa con todo adentro.

La casa de la pradera está basada en una historia real

La casa de la pradera está basada en una historia real

La serie original también omitió capítulos dolorosos de la familia. Nunca mostró a Charles Frederick Ingalls, el único hijo varón del matrimonio, nacido en 1875 y fallecido a los nueve meses por una enfermedad que jamás quedó registrada. Tampoco fue fiel con la ceguera de Mary: aunque los libros y la ficción la atribuyeron a la escarlatina, investigaciones médicas modernas y cartas familiares confirmaron que la causa fue una meningoencefalitis que derivó en un derrame cerebral. Y a diferencia de lo que se contó, Mary nunca se casó ni ejerció como maestra: vivió toda su vida con sus padres, colaborando en las tareas del hogar gracias a la formación que recibió en una escuela para personas no videntes.