Netflix: los errores que desconciertan a todos en Hermanito
La comedia que se ha ubicado entre lo más visto de Netflix ha recibido numerosas críticas por parte de los espectadores más atentos.
Hermanito arrasa en Netflix
Lidera el ranking en más de cuarenta países y se transformó en el bombazo de la semana para la plataforma. Hermanito, la comedia que reúne a John Cena y Eric Andre, se metió de lleno en la conversación de los suscriptores, aunque buena parte de esa charla terminó girando alrededor de los errores que muchos espectadores detectaron. La película que hoy domina el ranking de Netflix despierta tanto entusiasmo como desconcierto.
El reparo más repetido apunta a Marcus, el personaje de Eric Andre. La historia lo pinta como un excéntrico imprevisible y, sin embargo, lo muestra perfectamente capaz de sostener diálogos coherentes, tejer lazos afectivos y leer a quienes lo rodean. Ese retrato entra en cortocircuito con su paso por un internamiento psiquiátrico: para muchos, la película se apoya en el diagnóstico como un comodín para justificar las conductas más disparatadas, sin construir nunca una explicación que cierre. El resultado es un protagonista que parece ajustarse a lo que cada escena reclama, antes que a una coherencia propia.
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Los errores que generaron críticas
Otro foco de discusión está en el engranaje que pone todo en marcha. Rudd atiende un llamado del hospital y corre convencido de que el accidentado es su hermano de sangre, cuando en verdad se trata de aquel "hermanito" que apadrinó hace décadas en un programa de mentoría. A varios espectadores les resulta inverosímil que un centro de salud lo contacte como referente directo de alguien que no es familiar ni figura como vínculo vigente, apenas un nombre que el propio Rudd había borrado de su memoria.
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A la lista se suma una sensación de fórmula demasiado conocida. Muchos coinciden en lo previsible del recorrido —encontronazo inicial, cadena de enredos, caos doméstico y reconciliación que se ve venir desde temprano— y las comparaciones con el manual de Adam Sandler se multiplicaron. El cambio de registro tampoco cae bien: la primera mitad apuesta a la comicidad física y al chiste subido de tono, y de golpe la trama vira hacia un costado lacrimógeno que busca emocionar sin haber tendido los puentes para conseguirlo. Esa montaña rusa de tono es otro de los errores que el público de Netflix marca con insistencia.
Por último, hay desajustes que asoman incluso fuera de la pantalla. Mientras los conflictos dramáticos —las tensiones de clase, el contraste entre el hermano magnate y la precariedad de Marcus, las grietas matrimoniales— se resuelven a las apuradas y dejan cabos sueltos, los datos sobre la propia Hermanito tampoco terminan de coincidir.


