Netflix: qué fue de la vida de Robert Napper, el asesino que inspiró la serie El testigo

El estreno de El testigo en Netflix volvió a poner bajo la lupa uno de los crímenes más estremecedores de la historia criminal británica.

Robert Napper

Robert Napper

El estreno de El testigo en Netflix volvió a poner bajo la lupa uno de los crímenes más estremecedores de la historia criminal británica: el asesinato de Rachel Nickell, una joven de 23 años atacada en julio de 1992 mientras paseaba con su hijo de apenas dos años por Wimbledon Common, en Londres.

La producción reconstruye no solo el homicidio, sino también la desastrosa investigación que mantuvo libre al verdadero culpable, Robert Napper, durante más de una década y media.

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El testigo (2026) - tráiler oficial

Qué fue de la vida de Robert Napper, el asesino que inspiró la serie El testigo

Napper nació en 1966 y creció en Plumstead, a poca distancia del barrio donde vivía la víctima. Su infancia estuvo atravesada por la violencia: presenció los maltratos de su padre hacia su madre y, tras el divorcio de sus padres, terminó en hogares de acogida junto a sus tres hermanos, donde recibió tratamiento psiquiátrico. Según reveló la prensa británica, los especialistas le diagnosticaron una combinación de esquizofrenia paranoide y síndrome de Asperger. A los 12 años denunció haber sufrido abuso sexual por parte de un conocido de la familia, episodio que, de acuerdo con su propia madre, transformó su personalidad: se volvió retraído, agresivo con sus hermanos y comenzó a espiar a su hermana.

Las señales de alarma se acumularon durante años sin que nadie las atendiera. En 1989, su madre llamó a la policía para advertir que su hijo había confesado una violación en Plumstead Common, pero los agentes desestimaron el aviso al no encontrar denuncias recientes en la zona. Ese mismo año comenzó la serie de ataques sexuales conocida como las "violaciones de Green Chain", que dejó decenas de víctimas. Dos ciudadanos llegaron a señalar el parecido de Napper con el retrato hablado del agresor, pero los investigadores lo descartaron porque era más alto de lo que indicaba la descripción. Incluso cuando en octubre de 1992 fue detenido por acoso y en su casa hallaron cuchillos, una pistola calibre .22, mapas sospechosos y notas con descripciones obscenas sobre mujeres, solo recibió ocho semanas de prisión.

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El testigo reconstruye el caso que conmocionó a Reino Unido

El testigo reconstruye el caso que conmocionó a Reino Unido

Mientras tanto, la policía concentró todos sus esfuerzos en Colin Stagg, un vecino que solía pasear a su perro por Wimbledon Common y que no tenía ninguna prueba forense en su contra. Tal como muestra Netflix, los investigadores montaron un polémico operativo encubierto con una agente que se hizo pasar por interés romántico para arrancarle una confesión. Stagg jamás admitió el crimen, pero igual pasó 13 meses tras las rejas hasta que un juez anuló el caso por considerar la maniobra un engaño inaceptable. Durante su detención, otra tragedia confirmó el error: Samantha Bisset, de 27 años, y su hija Jazmine, de 4, fueron brutalmente asesinadas en su casa de Plumstead.

Fue justamente ese doble crimen el que terminó delatando a Napper. Seis meses después del ataque, sus huellas dactilares y la marca de un zapato lo vincularon a la escena, y en 1995 confesó los homicidios de madre e hija, además de varios ataques en la zona de Green Chain, aunque siempre alegando responsabilidad disminuida por sus trastornos psiquiátricos. El caso Nickell se reabrió en 2002 y los avances en análisis de ADN permitieron conectarlo finalmente con el asesinato que había conmocionado a Gran Bretaña. Recién en 2008, 16 años después del crimen, Napper fue imputado formalmente.

Hoy Robert Napper permanece internado en Broadmoor, el hospital psiquiátrico de máxima seguridad donde cumple una condena indefinida, y según declaró su propio abogado defensor, es altamente improbable que alguna vez recupere la libertad. El desenlace que retrata El testigo dejó además una herida institucional: la Policía Metropolitana admitió públicamente que pudo haber hecho mucho más, y la comisión de quejas policiales calificó los errores como "espantosos", al concluir que Napper podría haber estado fuera de las calles antes de matar a Rachel Nickell, a las Bisset y de atacar a numerosas mujeres.