Tres errores que muy pocos notaron en Turbulencia en la oficina
Turbulencia en la oficina se ha convertido en uno de los estrenos más vistos de Netflix, con Jennifer Lopez y Brett Goldstein al frente de una comedia romántica que arrasa en decenas de países.
Turbulencia en la oficina arrasa en Netflix
Turbulencia en la oficina se ha convertido en uno de los estrenos más vistos de Netflix desde su llegada al catálogo de la plataforma, con Jennifer Lopez y Brett Goldstein al frente de una comedia romántica que arrasa en decenas de países.
Sin embargo, detrás del éxito de la película se esconden algunos descuidos de producción que la mayoría del público no notó. A continuación repasamos tres errores que solo los espectadores más atentos lograron identificar.
Tres errores que muy pocos notaron en Turbulencia en la oficina
El primero y más llamativo tiene que ver con la aviación, justamente el corazón de la trama. En la historia, un Cessna Grand Caravan de la flota de Air Cruz completa un vuelo desde Nueva Jersey hasta República Dominicana en apenas cuatro horas.
El problema es que ese trayecto resulta imposible para esa aeronave: su velocidad máxima ronda los 150 nudos, por lo que necesitaría entre 10 y 12 horas para cubrir la distancia sin detenerse. A eso se suma otro inconveniente técnico que la película ignora por completo: la autonomía del Cessna no supera las 1.000 millas, lo que obligaría a realizar al menos una escala para recargar combustible. Un viaje directo, como muestra el film de Netflix, sencillamente no podría ocurrir.
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El segundo de los errores involucra al vehículo de Jackie Cruz, el personaje interpretado por Jennifer Lopez. La ejecutiva conduce un Audi E-Tron GT, un modelo completamente eléctrico. Sin embargo, en varias escenas se escucha con claridad el sonido de un motor de combustión al arrancar y durante la marcha, algo que contradice la naturaleza silenciosa de este tipo de autos.
El tercer descuido es un clásico error de continuidad. Ocurre cuando Jackie se presenta en la prisión con la intención de visitar a la hermana de Daniel. El guardia de la recepción consulta su planilla y le responde que no figura en la lista de visitas autorizadas. El detalle insólito es que el empleado nunca le preguntó cómo se llamaba, por lo que resultaba imposible que pudiera verificar si estaba o no anotada. Una escena que, vista con atención, pierde toda lógica dentro de Turbulencia en la oficina.


