House of the Dragon: la inesperada confesión de Olivia Cooke sobre su rol en la serie
La actriz contó lo demandante que es su rol como Alicent en la serie y dio detalles del proceso de filmación.
Pocas actrices hablan de sus propios tropiezos con la franqueza que mostró Olivia Cooke en una reciente charla con el periodista Josh Horowitz para su podcast Happy Sad Confused. Allí, entre anécdotas de castings y recuerdos de set, la intérprete británica dejó una confesión que descolocó a más de uno: una de las pruebas que más recuerda de su carrera terminó, según sus propias palabras, en un fracaso rotundo. La actriz aprovechó la conversación para repasar también su presente en House of the Dragon, el universo que hoy concentra buena parte de su trabajo.
El punto de partida fue un viejo rumor que la actriz se encargó de desmentir. Cooke negó haber audicionado para Los últimos Jedi y atribuyó esa versión a una historia que circuló sin demasiado fundamento. Lo que sí admitió fue haberse presentado varias veces para la primera película de la nueva trilogía de Star Wars, aquella que finalmente quedó en manos de Daisy Ridley. Sobre ese proceso fue durísima consigo misma: contó que probó una vez en Los Ángeles y luego frente al director J.J. Abrams, y que su rendimiento fue, en sus palabras, lamentable. "Cuando entrás en una audición y no das la talla, sentís que te fallaste a vos misma y a todos los que están en la sala", reflexionó, antes de reconocer que en ese momento todavía no era la actriz en la que se convertiría.
Ese repaso por castings frustrados sumó otra escena que la marcó. Al recordar la peor indicación que recibió de un director, mencionó una prueba para Cinderella cuando tenía 19 años, en una etapa previa a la llegada de Kenneth Branagh al proyecto. La consigna que le repetían, cámara en mano, era tan vaga como desconcertante: le pedían que fuera "más mágica". La actriz definió aquella experiencia como difícil de procesar, justamente por lo abstracto del pedido.
Olivia Cooke habló sobre su presente en House of the Dragon
La conversación viró luego hacia el papel que hoy la define. Cooke explicó que conseguir un rol en una saga ligada a Game of Thrones le generó primero alivio y enseguida un miedo difícil de sostener. "Esa mezcla de aprensión y temor llega con el llamado en el que te dicen que conseguiste el papel", describió. La actriz reconoció que empezó a cuestionarse a sí misma y hasta la decisión del equipo: pensaba que iba a llegar al set y todos se darían cuenta de que no estaba a la altura. A eso se suma el desgaste de habitar un personaje durante años: obtuvo el rol a los 26 y hoy tiene 32, una distancia que vuelve complejo volver a conectar con esa versión de sí misma.
La serie exige, además, una logística que pone a prueba a cualquiera. Cooke puso un número concreto sobre la mesa: cada temporada demanda siete meses de rodaje, y la filmación avanza fuera de orden, lo que la obliga a apoyarse en Tess, la supervisora de guion, para ubicar emocionalmente a Alicent antes de cada escena. Aun así, la actriz percibió un cambio favorable en la recepción de la nueva entrega: dijo que se nota cuándo una reacción es tibia y cuándo hay entusiasmo real, y aseguró que esta vez sintió lo segundo. Sobre la fama, una de sus mayores reservas antes de aceptar, admitió que valoraba su anonimato, aunque después matizó que su vida cotidiana apenas se modificó.
El tramo más personal llegó cuando habló de su vínculo con Emma D'Arcy, clave en las escenas entre Alicent y Rhaenyra. Para Cooke, esa química es algo misterioso que no se puede fabricar ni guardar en una botella, y celebró tener una conexión real que le facilita el trabajo. El clima del set, contó, cambia de tono cuando aparece Rhys Ifans, al que describió como la persona más traviesa del planeta y de cuyas picardías se declaró cómplice. También se permitió una reflexión incómoda sobre la industria: al enterarse de que Tom Glynn-Carney audicionaba para interpretar a su hijo, se sorprendió por la cercanía de edad y se preguntó si Hollywood, sencillamente, no quiere ver envejecer a las mujeres.


