Fuego, explosiones, sangre y mucho rock & roll en la despedida de Kiss de Buenos Aires

Fuego, explosiones, sangre y mucho rock & roll en la despedida de Kiss de Buenos Aires

Después de una espera de casi dos años, Kiss finalmente pudo desplegar toda su magia rockera y deslumbrar a todo Buenos Aires con un show único.

Fernando Bedini

La pandemia se encargó de arruinar una gran cantidad de shows alrededor del globo, uno de ellos fue el de Kiss: End of The Road World Tour, la gira de despedida de la mítica banda que irrumpió en la escena del rock a mediados de los 70. Luego de dos años en suspenso, el show finalmente pisó Buenos Aires el pasado 23 de abril y como reza el dicho “la espera valió la pena”.

El Campo Argentino de Polo de la Ciudad de Buenos Aires fue el lugar elegido para que Gene Simmons, Paul Stanley, Tommy Thayer y Eric Singer le dieran una probada de su música a más de 50 mil almas que no quisieron perderse por nada del mundo este show.

Todo evento de este tipo arrastra una mística única e inigualable, pero sin duda la de Kiss es superior, ya que invita a todos a emular la estética icónica que caracteriza a la banda y lo mejor de todo es que el concierto se convierte en la mezcla perfecta de toda la generación de fans desde los que comenzaron en el momento cero hasta los que recién están descubriendo el rock.

Momento previo antes que Kiss hiciera estallar el lugar.

Mercedes de Mendoza comentó: “vine a acompañar a mi hermano Santi (16 años), él es el verdadero fan. Es la primera vez que los veo, conozco alguno de los temas pero esto es increíble, estoy impactada, no tengo palabras”.

Rubén (61) de Hurlingham no solo pintó su rostro para la ocasión, sino que también lo hizo para las dos generaciones que lo acompañaron, su hijo Hernán (30) y sus nietos Rocío y Lucca. “Soy kissero de la vieja escuela y tener a mi hijos y mis nietos acá es un montón. Ah y los yo pinté a todos”, comentó emocionado.

Para el caso de la joven pareja de Gabriela y Esteban y su hija Jime también fue algo de otro mundo lo que vivieron. “Muchas veces pensamos en pedir la devolución de las entradas, pero por suerte resistimos y ahora estamos acá, en un momento que no nos vamos a olvidar nunca y menos ella (su hija) que ahora es una kissera certificada”.

Cerca de las 21:30 y tras un calentamiento bien manejado por la banda soporte Arde la Sangre, comenzó el show de Kiss y con decir show queda corta la palabra para describir tamaña despliegue visual y sonoro. Entre llamas, explosiones de pirotecnia y luces sonaron los primeros acordes con Detroit Rock City. La canción  de Destroyer, cuarto álbum de estudio, fue la encargada dejar en claro que la banda venía para arrasar con todo.

Con un español muy poco trabajado, Paul Stanley saludó a toda la multitud que no paraba de corear el nombre del cantante. Las bandas internacionales suelen repetir sus discursos, solo que cambian el nombre del lugar en donde están, pero eso no importó, el público quería escuchar a Paul, sin importar la cantidad de veces que dijera Buenos Aires cada vez que podía.

Fuegos, explosiones, luces, nada le faltó al show de Kiss.

La presentación repasó las canciones de los principales discos de la banda, desde los primeros hasta los más actuales. Tampoco faltaron momentos para que cada integrante luciera sus habilidades en la música con un solo, como Gene Simmons escupiendo fuego y sangre mientras entonaba su clásica God of Thunder o Paul Stanley montándose en una tirolesa para dejar el escenario y seguir cantando desde uno de las estructuras de sonido. El cierre llegó con mejor broche de oro, con Rock and Roll All Nite.

Por espacio de dos horas Kiss se encargó de hacer que su onceava y última vez en Buenos Aires quede marcada a fuego y rock & roll.

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