Crítica de Smile 2: una secuela con pocos sustos y una fórmula que no ofrece nada nuevo
En 2022 los fanáticos del cine de terror quedaron sorprendidos con Sonríe(Smile), la cinta escrita y dirigida por Parker Finn en su debut como director. Dos años más tarde, y con una primera entrega que recaudó $200 millones de dólares a nivel mundial, el director está de regreso con Sonríe 2, una secuela que prometía ser "más grande, atrevida y sangrienta".
La primera Smile tenía de protagonista a la psiquiatra Rose Cotter, interpretada por Sosie Bacon, quien tras presenciar la muerte de una paciente comienza a enfrentarse a una serie de extrañas situaciones, producto de una entidad sobrenatural que comienza a acecharla. Tal como se revela en la primera película, esta entidad pasa de una persona a otra, matando a su huésped y asegurándose de tener un testigo para poder habitar un nuevo cuerpo.
Sonríe 2 comienza pocos días después de la original con la aparición de Joel (Kyle Gallner), el ex novio de Rose que hereda la maldición luego de que ella muere. Tras un violento tiroteo, Joel es atropellado por un automóvil, pasando la maldición a una nueva persona.
Tráiler oficial de Sonríe 2:
Aquí es donde entra en escena la nueva víctima de la historia, Skye Riley, una estrella de pop, interpretada por Naomi Scott. Al comienzo de la película se revela que la joven artista está recuperándose de un traumático accidente automovilístico que se cobró la vida de su novio, el actor Paul Hunter (Ray Nicholson), y que la llevó por el camino de las drogas y el alcohol.
Tras pasar por rehabilitación, Skye se prepara para dar inicio a su nueva gira mundial, pero no se siente del todo preparada para regresar a los escenarios y el público, algo que su madre y mánager no quiere entender.
Agobiada por los ensayos y la presión de su entorno, Skye visita a Lewis (Lukas Gage), un antiguo compañero de escuela, que no solo se ha convertido en un traficante de drogas, sino que además es el último huésped de la temida maldición. Al igual que en la primera cinta, Lewis se quita la vida de forma brutal frente a Skye, quien recibe la maldición.
A partir de aquí la vida de Skye se transforma en un vertiginoso descenso a la locura, donde la línea entre la cordura y el control no son más que alucinaciones que se tornan cada vez más terroríficas. Sí, podemos afirmar que algunas secuencias son más "sangrientas" que la original, pero los sustos se vuelven limitados y predecibles, lo que le quita peso a la parte de "terror".
Tal como le sucedió a Rose en el filme original, los intentos de Skye por mantener el control y por intentar que su entorno comprenda lo que le sucede, se torna cada vez más difícil. Sin lugar a dudas, Naomi Scott logra llevar con solidez el rol protagónico de la cinta, pero el lento desarrollo de la trama no aporta nada nuevo a la franquicia, repitiendo la fórmula de la original.
Dicho esto, Sonríe 2 es una secuela efectiva. Consigue algunos sustos y mantiene la tensión a lo largo de la trama, funcionando mejor como thriller psicológico que como película de terror, pero la historia se estanca y no nos quedamos con nada nuevo. No sabemos más de la entidad, cuál es su origen o si existe alguna manera efectiva de acabar con ella. Lo cierto es que si la franquicia decide seguir adelante con una tercera entrega, Parker tendrá que encontrar la forma de aportar algo nuevo.


