5 spaghetti westerns que todo fan de Quentin Tarantino amará
Uno de los nichos más conocidos del género del Oeste son las películas realizadas en Italia durante el apogeo de la popularidad del cine del Oeste, conocidas comúnmente como Spaghetti Westerns. Muy influyentes gracias a sus debates políticos, su relevancia histórica y su gore, los Spaghetti Westerns han inspirado a grandes cineastas.
Quentin Tarantino, uno de los más famosos directores modernos, y conocido por sus historias violentas, hace cintas para un público que disfrutará de este género clásico.
Muchos de los mejores personajes de las películas del cineasta comparten rasgos con los antihéroes icónicos de los Spaghetti Westerns. Enfrentados al papel del aislamiento y la justicia en el llamado Oeste "sin ley", estas figuras se ven obligadas a menudo a interrogarse sobre su propia posición como fuerzas del bien o del mal.
Aunque las imágenes gráficas y las trepidantes secuencias de lucha son aspectos definitivos de la filmografía de Tarantino, no es lo único que ofrecen estos Spaghetti Westerns. Con complejas discusiones políticas y mucho humor, estos filmes se han convertido en piezas icónicas de la historia de cine por una razón.
La muerte viaja a caballo (Da uomo a uomo, 1967)
Aunque La muerte viaja a caballo no recibió la aclamación crítica de otros westerns de su época, sigue siendo una gran adición al género y conecta con la obra de Tarantino. Protagonizada por Lee Van Cleef -un actor icónico spaghetti western- esta película presenta un vínculo inesperado entre su personaje Ryan y Bill, interpretado por John Phillip Law. Unidos por el destino y un deseo de venganza, Ryan y Bill emprenden un viaje lleno de acción para rastrear a los forajidos que los agredieron.
La venganza es un tema importante en el western, y claramente ha influido en el trabajo de Tarantino. Ver a dos aliados renuentes trabajando juntos por un objetivo común sangriento, mientras sus personalidades chocan y se complementan, es una dinámica conocida en las obras del cineasta.
¡Agáchate, maldito! (Giù la testa, 1971)
Esta película fue la segunda entrega de la trilogía Érase una vez de Sergio Leone, que comenzó con Érase una vez en el Oeste (1968). Aunque la cinta original es la más conocida de esta trilogía informal, ¡Agáchate, maldito! es una parte divertida y demasiado a menudo pasada por alto de la obra de Leone. Protagonizada por Rod Steiger y James Coburn como Juan y John, un par de revolucionarios que llegan a depender el uno del otro, el filme aborda el papel de la revolución en el cine, especialmente en los westerns.
Comparada con los filmes contemporáneos de Tarantino, queda claro que él utiliza conflictos y revoluciones del pasado para discutir el malestar presente, de manera similar a Leone. Aunque ¡Agáchate, maldito! sufre de los prejuicios y el racismo inherentes al género en esa época, todavía tiene mérito en su historia. Los personajes están desilusionados con lo que están luchando, lo cual puede interpretarse como un reflejo de los sentimientos de Leone sobre Italia durante ese período.
Mi nombre es nadie (Il Mio Nome È Nessuno, 1973)
Combinando comedia y western, esta cinta está protagonizada por Terence Hill y Henry Fonda como Nobody y su mentor, el pistolero Jack Beauregard. Jugando con el tropo del héroe envejecido que enseña y es superado por un joven ambicioso, la película es una propuesta mucho menos seria, comprometida a burlarse de las fórmulas y arquetipos del género.
Esta subversión es una forma temprana de lo que Tarantino hace en sus tributos a géneros clásicos como los westerns, las películas de artes marciales y las bélicas. Aunque el trabajo del director suele definirse por la violencia y el gore, también tiene un ingenio y sentido del humor que se refleja en sus guiones. Mientras que Mi nombre es nadie se inclina hacia el humor físico y la comedia slapstick, conecta con la comedia oscura que define las películas de Tarantino.
El bueno, el malo y el feo (Il buono, il brutto, il cattivo, 1966)
Aunque está lejos de ser una película desconocida, al menos una colaboración entre Clint Eastwood y Sergio Leone merece ser mencionada. El bueno, el malo y el feo es uno de los westerns más queridos y destacados de todos los tiempos. Desde su estreno, el tiempo solo ha aumentado la reverencia y popularidad de esta cinta, y los homenajes de directores como Tarantino son parte de la razón.
Es difícil encontrar un protagonista dentro del western cuya creación no haya sido influida en parte por Eastwood y sus contribuciones al género. El desarrollo de los personajes y sus relaciones es fantástico, y la película logra insinuar su giro final mientras utiliza la violencia para impulsar la historia. Todas estas son tácticas hábiles que también se ven en las obras de Tarantino.
Dios perdona... ¡yo no! (Quién sabe?, 1966)
Llena de acción y emoción esta cinta de Damiano Damiani, es un ejemplo temprano de cómo el Spaghetti Western se volvería político. Aunque Tarantino a menudo se ocupa de la historia revisionista, está claro que los matices políticos presentes en obras como esta tuvieron una influencia significativa en él. Protagonizada por Gian Maria Volonté y Lou Castel como Chucho y Bill, la película utiliza su relación compleja como una alegoría para abordar el tema de la revolución.
Si bien la cinta está claramente a favor de la liberación y la revolución por encima del beneficio personal y la intervención extranjera, puede interpretarse de muchas maneras. Sin embargo, su impacto en el tiempo se debe en gran medida a lo relevante que era su narrativa en el momento de su lanzamiento y cómo ha resistido al paso del tiempo. El interés de Dios perdona... ¡yo no! en las discusiones históricas y las secuencias de acción bien coreografiadas se relaciona con la incorporación de Tarantino de la historia mundial en su trabajo y su estilo violento.


