Es la película de amor más icónica del cine pero su secuela es considerada lo peor del género romántico

Es la película de amor más icónica del cine pero su secuela es considerada lo peor del género romántico

'Love Story' marcó la década del 70 con su trágica historia de amor, pero la secuela no le llegó ni a los talones.

Magela Muzio

Magela Muzio

Una de las historias de amor más recordadas del cine fue la que protagonizaron Ryan O'Neil y Ali MacGraw en Love Story (Historia de amor), la película dirigida por Arthur Hiller en 1970, basada en novela homónima de Erich Segal.

La cinta sigue la historia de Oliver Barrett IV, un adinerado estudiante de derecho de la Universidad de Harvard, quien conoce a Jenny, una joven estudiante de música clásica. El amor entre ambos no tarda en surgir y rápidamente se enamoran, a pesar de pertenecer a mundos distintos.

La familia de él se opone a la relación, pero Oliver y Jenny deciden casarse y todo parece encaminado a un final feliz. Sin embargo, a la hora de intentar formar una familia, las cosas no salen como esperaban, ya que a ella le descubren una enfermedad terminal.

Ryan O'Neil y Ali MacGraw en Love Story. Foto: Paramount Pictures

Love Story no solo marcó la década de los 70 y redefinió el género romántico en el cine, sino que dejó a toda una generación devastada con la historia de Oliver y Jenny, y un icónico tema musical que hasta el día de la fecha trae lágrimas a los ojos de quien la escucha.

Lo que muchos no saben es que Love Story tuvo una continuación en el cine, y es considerada por muchos especialistas y fanáticos como una de las peores películas del género romántico. Todo lo contrario de su predecesora.

La película se llamó La historia de Oliver (Oliver's Story). Al igual que la cinta original, también se basó en una novela de Segal, continuación de Love Story, que había sido publicada un año antes.

La secuela vuelve a estar protagonizada por Ryan O'Neil como Oliver Barratt IV, emocionalmente devastado por la muerte de su joven esposa Jenny, quien sucumbe a una enfermedad terminal. El hombre trata de refugiarse en su trabajo como abogado, pero el dolor el demasiado grande, por lo que comienza a aislarse de su familia, sus amistades y hasta tener problemas con los socios de la firma para la que trabaja.

Candice Bergen se sumó a la secuela como el interés amoroso de Oliver. Foto: Paramount Pictures 

Sin embargo, el amor vuelve a tocar las puertas de su vida. Esta vez en la forma de la hermosa heredera Marcie Bonwit, interpretada por Candice Bergen. A pesar del afecto que siente por ella, a Oliver le cuesta dejar atrás el recuerdo de Jenny, lo que causa muchos problemas en su relación.

A diferencia de Love Story, la secuela deja mucho que desear. El éxito crítico y en taquilla estuvo muy por debajo de lo esperado. Solo dos miembros del elenco original regresaron para La historia de Oliver, que fueron O'Neal y Ray Milland como Oliver Barrett III.

Una de las mayores críticas en torno a la secuela es la falta de cohesión en la historia y la falta de profundidad de los personajes. En cuanto a la pareja protagonista, la poca química entre O'Neal y Bergen hizo que la relación fuera mucho menos significativa y forzada la mayor parte del tiempo. Otra de las críticas estuvo dirigida al personaje de Oliver, quien en la primera película se presenta como encantador y optimista, en la segunda se vuelve quejumbroso y autocompasivo, algo que no agradó a los fanáticos.

Según el propio Ryan O'Neal, una de las razones detrás del fracaso de la película tuvo que ver con el hecho de que el personaje interpretado por Nicola Pagett fue cortado del tercer acto del filme. La actriz aparece al comienzo de la cinta en una cita a ciegas con Oliver. Inicialmente se esperaba que su personaje fuera mucho más grande, incluso se había planeado que terminara con el protagonista, pero los ejecutivos del estudio decidieron que no era realista y decidieron darle más protagonismo a Bergen.

El resultado obtenido con La historia de Oliver demuestra, una vez más, que a veces es mejor dejar que ciertas historias se desarrollen en el imaginario de la audiencia, en lugar de verlo materializado en pantalla.

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