La comedia romántica de los 70 que rompió los esquemas del género y se mantiene más vigente que nunca

La comedia romántica de los 70 que rompió los esquemas del género y se mantiene más vigente que nunca

Con guion de Neil Simon y actuaciones de Richard Dreyfuss y Marsha Mason, esta cinta de la década de los 70 resignificó el género romántico en la pantalla grande.

Magela Muzio

Magela Muzio

Hay películas que definieron una época. En el caso del cine romántico, hay un filme que marcó la década de los 70 y es un clásico en todo sentido. En 1977 se estrenó La chica del adiós (The Goodbye Girl), un filme dirigido por Herbert Ross y escrito por Neil Simon, que contó con las actuaciones de Richard Dreyfuss y Marsha Mason.

La película gira en torno a Paula McFadden (Mason), una bailarina y madre soltera que ha sido abandonada por su pareja. Para su sorpresa, no solo encontrará el apartamento vacío, sino que allí se encontrará con Elliot Garfield (Dreyfuss), un egocéntrico y neurótico actor de Chicago, que llega en la mitad de la noche para acomodarse en el lugar. A pesar de sus diferencias iniciales, ambos formarán un vínculo afectivo entre ambos y con la pequeña Lucy (Quinn Cummings), la hija de Paula.

La chica del adiós no solo se convirtió en un éxito de taquilla, llegando a recaudar $102 millones de dólares, sino que recibió 5 nominaciones a los Premios de la Academia. Richard Dreyfuss, que en aquél entonces era uno de los actores más populares del momento, se alzó con la estatuilla a Mejor actor, convirtiéndose en el intérprete más joven en ganar el premio en dicha categoría.

Richard Dreyfuss en una de las mejores actuaciones de su carrera. Foto: Metro-Goldwyn-Mayer

Previamente se había lucido como secundario en películas como Tiburón, American Graffiti y Encuentros cercanos del tercer tipo, pero en La chica del adiós demostró que podía llevar una película él solo. Y ese es precisamente uno de los elementos que la hacen tan especial, porque el público acepta los defectos de Elliot, que son una influencia positiva para Paula y su pequeña hija Lucy.

Dreyfuss no tuvo miedo de mostrar un lado sensible de la masculinidad, algo que comenzaba a asomar en el "Nuevo Hollywood" de los setenta. Los actores podían desafiar las ideas tradicionales sobre los roles de género. Elliot es emocional y se esfuerza mucho en sus actuaciones. Sin embargo, las críticas negativas a su interpretación de "Ricardo III" lo hacen reconocer su ego y darse cuenta de que no ha tratado a Paula y Lucy con el respeto que merecen. A medida que su relación con Paula se vuelve más cercana, Dreyfuss resalta la compasión de Elliot, y es muy generoso en sus escenas con Lucy. Si bien a veces es difícil actuar con niños actores, Dreyfuss y Cummings logran que la química entre sus personajes se sienta real.

Otro aspecto en el que la cinta dirigida por Herbert Ross transformó el género fue en mostrar lo opuesto a la familia tradicional. Paula es divorciada y tiene que criar sola a su hija. Aunque tuvo una relación breve con el actor Tony DeForrest, él la abandona para filmar una película en Italia. Esto no solo deja a Paula con la responsabilidad de pagar el apartamento, sino que también destruye la idea que Lucy tenía de las relaciones.

 

Esta película es el ejemplo perfecto de una historia clásica y agradable, de esas que ya casi no se hacen en Hollywood. En los últimos años, las películas de bajo presupuesto sobre la vida de la gente común han desaparecido del mercado, simplemente porque no funcionan bien en taquilla o terminan en algún servicio de streaming para dar espacio en salas a las grandes franquicias. Por lo tanto, si se la mira en retrospectiva, la cinta resultó un soplo de aire fresco que se mantiene hasta la la actualidad. 

The Goodbye Girl es un filme que no desafía las fórmulas, pero tampoco lo intenta. Hay una simple alegría en ver una historia bastante sencilla contada muy bien, con diálogos sinceros y agradables escritos por Neil Simon. Si la intención de la película era dejar al espectador optimista y feliz, lo logra por completo. En su crítica, Roger Ebert la elogió como una historia "divertida, triste, dura y tierna", y agregó que "Simon ha incluido algunas sutilezas que quizás no notemos la primera vez".

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