Estos dos westerns protagonizados por Jack Nicholson ayudaron a redefinir el género y son obligatorios para los fans

Antes de convertirse en un ícono del cine,el actor dejó su huella en dos películas del Lejano Oeste que desafiaron las reglas del género.
Jack Nicholson protagonizó El tiroteo y A través del huracán.
Jack Nicholson protagonizó El tiroteo y A través del huracán. Foto: Walter Reade Organization

En 1966, mientras el viejo Hollywood daba paso a una nueva era, el cineasta Monte Hellman dirigió dos westerns de bajo presupuesto de manera consecutiva: El tiroteo (The Shooting) y A través del huracán (Ride in the Whirlwind). 

Ambos filmes fueron producidos por Roger Corman, el rey del cine de serie B, y protagonizados por Jack Nicholson, quien además escribió el guion de A través del huracán

Filmadas en el desierto de Utah con un presupuesto limitado, estas películas comparten temas, actores y una estructura narrativa poco convencional, anticipando los dramas existenciales que dominarían el cine de los años 70. Ambos filmes desmontaron los tropos tradicionales del western, reconfigurándolos para una nueva generación.

Dos westerns que hicieron mucho con poco

Jack Nicholson y Millie Perkins en El tiroteo. Foto: Walter Reade Organization.

En El tiroteo, el cazarrecompensas Willett Gashade (Warren Oates) y su ingenuo compañero Coley (Will Hutchins) son contratados por una mujer misteriosa (Millie Perkins) para escoltarla por el desierto. En el camino, se encuentran con Billy Spear (Jack Nicholson), un pistolero vestido de negro que antagoniza a Coley mientras Willett sospecha que la mujer ha contratado a Billy para matarlos. 

Por otro lado, A través del huracán, sigue a los vaqueros Wes (Nicholson) y Vern (Cameron Mitchell), quienes se refugian en el escondite de un grupo de bandidos liderados por Blind Dick (Harry Dean Stanton). Tras un asalto a una diligencia, un grupo de justicieros los ataca, obligándolos a huir y a tomar como rehenes a una familia en un rancho cercano.

Cameron Mitchell, Millie Perkins y Jack Nicholson en A través del huracán. Foto: Walter Reade Organization.

El rodaje de ambas películas duró apenas seis semanas, utilizando el mismo método de producción consecutiva que Hellman y Nicholson habían experimentado en Filipinas con los thrillers Viaje a la ira (Flight to Fury, 1964) y Backdoor to Hell (1964). Este modelo encajaba perfectamente con la filosofía de Corman: hacer cintas de forma rápida y económica. 

Con elencos reducidos y pocas locaciones, El tiroteo y A través del huracán se alejaron de la escala épica de los westerns clásicos para enfocarse en una narrativa más íntima. Hellman utilizó una estructura anti narrativa, llena de diálogos errantes y momentos surrealistas que reflejan la psique fracturada de sus personajes. 

Estas características los convierten en dos de los primeros ejemplos del acid western, un subgénero que alcanzaría su cúspide con El Topo (1970) de Alejandro Jodorowsky.

Un paso adelantado en la evolución del western

El tiroteo (1966). Foto: Walter Reade Organization.

Ambos filmes comparten temas y estructuras similares, como las persecuciones implacables y los desenlaces sombríos. También introducen antihéroes que cuestionan la moralidad en tonos de gris, en lugar de los tradicionales contrastes entre el bien y el mal. 

Este enfoque precedió a Bonnie and Clyde (1967), película que, junto a El graduado, marcó el inicio de una nueva era en Hollywood, dando paso a directores que buscaban contar historias más personales y complejas. Además, anticiparon el auge del western revisionista, con filmes como La pandilla salvaje (The Wild Bunch), Pequeño gran hombre (Little Big Man) y Buffalo Bill and the Indians, que desafiaron los mitos del género y ofrecieron visiones más críticas.

Desafortunadamente, El tiroteo y A través del huracán tardaron años en obtener reconocimiento. Tras exhibirse en festivales, ambas películas fueron aclamadas en París antes de ser vendidas a la televisión estadounidense por el productor Walter Reade Jr. 

No fue hasta que Nicholson alcanzó la fama con Busco mi camino (Easy Rider, 1969) y Mi vida es mi vida (Five Easy Pieces, 1970) que los filmes captaron la atención del público en Estados Unidos. Con el tiempo, su legado creció gracias a restauraciones de alta calidad por The Criterion Collection, asegurando que estos westerns innovadores finalmente obtuvieran el reconocimiento que merecen.