Esta es la razón por la que, a pesar del éxito de Tiburón, Steven Spielberg la pasó muy mal luego del estreno de la película
Aunque Tiburón fue un éxito rotundo, su rodaje dejó a Steven Spielberg al borde del colapso.
Steven Spielberg necesitó años para superar Tiburón.
Nat GeoLa filmación de Tiburón no fue precisamente un paseo por la playa. Aunque sobre el papel parecía una idea brillante (una historia sencilla con un monstruo temible en el mar), llevarla a la pantalla fue un auténtico tormento para Steven Spielberg. El rodaje en Martha’s Vineyard estuvo plagado de fallas técnicas, condiciones impredecibles y un tiburón mecánico que funcionaba a medias. La tensión fue tan abrumadora que su director terminó al borde del colapso.
“No podía respirar; pensé que me estaba dando un infarto”, confesó Spielberg en el reciente documental Tiburón a los 50: La historia definitiva, producido por National Geographic donde se revelan nuevos secretos del rodaje de esta cinta en su aniversario número 50. Uno podría pensar que luego de crear semejante cinta la satisfacción y alegría de su principal hacedor estaba por los cielos pero la realidad es completamente distinta: el director pasó duros momentos herencia de aquellos estresantes meses de grabaciones.
¿Qué tan mal la pasó Steven Spielberg?
Tras terminar la etapa de rodaje en la isla, sufrió un ataque de pánico tan severo que pasó meses reviviendo esa angustia. “No podría llenar mis pulmones. Iba al baño una y otra vez, me mojaba la cara, temblaba. Estaba fuera de mí, completamente fuera de mí”, recuerda.
A pesar de contar con un gran grupo técnico, Spielberg nunca logró sentirse en control. Estaba convencido de que podía ser despedido en cualquier momento y que su carrera podría terminar antes de despegar. La presión era tal que, incluso meses después, seguía despertando en medio de la noche empapado en sudor frío.
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“No existía el término TEPT [Trastorno por Estrés Postraumático], pero tuve pesadillas constantes durante años”, reconoce. “Creo que fue todo lo que experimenté en la isla, tratando no solo de mantenerme en pie a mi mismo sino a todo el equipo. Y tenía gente increíble ayudándome a sostener al equipo [...] Tenía un gran equipo pero me sentía responsable de todos ahí y por mantenerlos ahí por el tiempo que hiciera falta”:
La producción no terminó en la isla: hubo que continuar en los estudios de MGM durante dos meses más, grabando escenas en tanques de agua. Steven no abandonó nunca el proyecto, pero tampoco logró disfrutarlo. A pesar de los tres premios Oscar que obtuvo el film y del enorme éxito comercial, el director tuvo que lidiar con un fuerte costo emocional que marcaría su vida entera.
El barco de Tiburón: una especie de terapia
“Tuve un momento muy difícil cuando terminé la película y el éxito fue fantástico pero no detuvo las pesadillas”, explica el director en el documental. “Seguía atrapado en la película, como si nunca terminara”.
El director reveló entonces un dato espectacular: cuando levaron uno de los barcos desde Martha’s Vineyard a los estudios de Universal, el director solía colarse sin ser notado para entrar en el bote, sentarse en los icónicos asientos de cuero rojo y a veces llorar allí porque “no podía desprenderme de esa experiencia”. Según sus palabras: “El barco me ayudó a empezar a olvidar. El Orca fue mi compañero terapéutico durante varios años después de que Tiburón estrenara”.
Con el paso de las décadas, el cineasta logró resignificar aquella experiencia. “Por un lado, fue traumática. Pero todos sentimos que sobrevivimos a algo”, dice ahora, medio siglo después. Aunque admite que fue la película más difícil de su carrera, también la considera una de las más formativas. “Para mí, Tiburón fue una experiencia que me cambió la vida”.



