Este polémico Thriller Erótico de los 90 con Antonio Banderas te va a dejar recalculando
Antonio Banderas protagoniza uno de los thrillers eróticos más polémicos de los 90, ideal para una revisión incómoda y fascinante.
Nunca hables con extraños: erotismo, violencia y poder.
TriStar PicturesEn pleno declive del Thriller Erótico en los cines, una película pasó casi desapercibida pese a reunir todos los elementos que habían definido al género en su mejor momento: erotismo, suspenso psicológico, estrellas carismáticas y una apuesta narrativa sin pudor. Estrenada en 1995, Nunca hables con extraños (Never Talk to Strangers) quedó relegada al olvido, pero tres décadas después se revela como una rareza fascinante del cine noventoso, tan excesiva como inolvidable.
Lejos de buscar elegancia contenida o corrección política, la cinta abraza el exceso y la provocación, ofreciendo una experiencia intensa que avanza siempre al borde del abismo.
¿De qué se trata Nunca hables con extraños?
Luego del impacto de La mano que mesa la cuna, Rebecca De Mornay se consolidó como una figura central del thriller erótico, heredera directa de la “rubia hitchcockiana”: fría, magnética y perturbadora. Nunca hables con extraños juega con esa imagen para luego subvertirla de forma deliberada.
Aquí interpreta a Sarah Taylor, una psicóloga que vive en un antiguo edificio victoriano y cuya vida comienza a desmoronarse entre amenazas anónimas, recuerdos traumáticos y una relación tan intensa como peligrosa con un misterioso desconocido encarnado por un joven Antonio Banderas. A su alrededor, un padre con un pasado oscuro y un vecino inquietante completan un clima de paranoia constante.
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La película avanza combinando suspenso psicológico, erotismo explícito para los estándares de los 90 y una intriga que se vuelve cada vez más enmarañada. Todo parece conducir hacia una resolución reconocible, hasta que el relato decide ir más lejos.
Vista hoy, la cinta arrastra elementos problemáticos propios de su tiempo, especialmente en su representación de la psicología y en la forma en que castiga a su protagonista femenina. Sin embargo, su fuerza reside en otro lugar: en su falta total de pudor, en su puesta en escena elegante filmada en 35 mm y en una intensidad emocional que rara vez se ve en el cine contemporáneo.
Las escenas de sexo no funcionan solo como provocación, sino como extensión del conflicto interno del personaje. Todo es exagerado, intenso y deliberadamente incómodo, como si la película supiera que está cruzando límites… y decidiera hacerlo igual.
Nunca hables con extraños no intenta ser Atracción fatal ni Bajos instintos. Su valor está en ser un thriller erótico desbordado, retorcido y profundamente entretenido, que se permite arriesgar sin pedir disculpas.
A 30 años de su estreno, sigue siendo un placer culposo irresistible: oscuro, camp y provocador. Y solo por su giro final, de esos que dejan al espectador recalculando todo lo anterior, merece ser redescubierto.




