Quentin Tarantino contra Stanley Kubrick: el director es hater del genio por "hipócrita"
Quentin Tarantino nunca ocultó su rechazo a Stanley Kubrick y considera que obras como La naranja mecánica son ejemplos de hipocresía en el cine.
Quentin Tarantino tiene mucho que decir sobre Stanley Kubrick.
Quentin Tarantino tiene pocos pelos en la lengua. El director estadounidense no se caracteriza precisamente por la sutileza y nunca ha tenido problema en criticar a otros colegas, incluso si se trata de nombres considerados intocables en la historia del cine. Y entre los blancos de sus dardos más filosos, uno de los más recurrentes ha sido Stanley Kubrick.
Su rechazo hacia el autor de 2001: Odisea del espacio no es nuevo. Desde hace años, Tarantino dejó en claro que la filmografía de Kubrick le resultaba demasiado fría y distante. Pero lo que realmente lo enfureció fue La naranja mecánica de 1971. En una entrevista con The New Yorker, el creador de Pulp Fiction aseguró: “Siempre pensé que Kubrick era un hipócrita, porque su lema era: no estoy haciendo una película sobre la violencia, estoy haciendo una película contra la violencia”.
La “hipocresía” de La naranja mecánica de Stanley Kubrick
El director fue aún más lejos y lanzó una de sus frases más recordadas: “Sé y tú sabes que tu pene estuvo duro todo el tiempo que estuviste rodando esos primeros veinte minutos”, dijo sobre Kubrick, acusándol al histórico director de disfrutar lo que supuestamente denunciaba. La contradicción, para él, era evidente: mientras criticaba la violencia, la estilización con que la retrataba la volvía seductora.
Curiosamente, Tarantino también reconoció que el comienzo de la película le parecía impecable. “Esos primeros veinte minutos son absolutamente perfectos”, admitió, describiéndolos como una de las piezas de cine más “pop, viscerales y perfectas” de la época. El problema, en su visión, era el intento de disfrazar lo que en realidad era una fascinación con la brutalidad.
El rechazo de Quentin Tarantino a Lolita
Otro punto de fricción con Stanley Kubrick vino por su adaptación de Lolita de 1962. Para Quentin Tarantino, esa versión estaba completamente equivocada y le faltaba la esencia de la novela de Vladimir Nabokov. “¡Es una estafa!”, sentenció años después, convencido de que la película esquivaba el costado más perturbador de la historia.
En contraste, elogió la versión de Adrian Lyne de 1997 a la que llamó una “obra maestra”. Según su lectura, esa película sí se atrevía a mirar a través de los ojos del protagonista y a exponer sin disimulo el costado incómodo del relato original.
En definitiva, la bronca de Tarantino hacia Kubrick no está tanto en la forma (porque reconoce el talento de su colega), sino en lo que considera una falta de honestidad. Para él, el cine no tiene por qué justificar su relación con la violencia o la sexualidad: debe mostrarla tal cual es, sin excusas ni moralinas.




