Terminator 2 volvió a los cines: 10 detalles que no conocías sobre el clásico de los 90

Repasamos 10 detalles poco conocidos de Terminator 2, el clásico de ciencia ficción que tras más de 30 años vuelve a las pantallas grandes para deleite de sus fans.

Terminator 2 se reestrenó en cines

Terminator 2 se reestrenó en cines

Foto: TriStar Pictures.

Tres décadas y media después de su estreno, Terminator 2: El juicio final ha vuelto a los cines con un reestreno muy esperado por los fans. Aprovechando este revival, repasamos 10 detalles desconocidos del clásico de los 90.

El primero tiene que ver con Robert Patrick: para que el T-1000 pareciera una máquina capaz de correr sin agotarse jamás, se sometió a un régimen de carrera exigente y entrenó para respirar únicamente por la nariz, de modo que ningún jadeo delatara esfuerzo. Llegó tan lejos que alcanzaba sin dificultad a Edward Furlong montado en su moto.

El segundo detalle involucra justamente a Furlong: el rodaje se extendió tanto que el chico creció en pleno proceso. Se lo ve bastante más chico en la secuencia del desierto que en el resto de la película, su voz empezó a cambiar y hubo que corregir el tono en posproducción. Para una escena filmada tarde en el calendario, además, lo pararon dentro de un pozo cavado en el suelo para conservar la diferencia de altura con Linda Hamilton.

Mirá el tráiler:

El tercer dato también pasa por Hamilton, aunque no por ella sola. Su hermana melliza, Leslie Hamilton Gearren, trabajó como doble cada vez que la película necesitó dos Sarah Connor en el mismo plano, como en la suplantación del T-1000, y también apareció en una secuencia que no llegó a los cines y quedó para el DVD, funcionando como imagen reflejada de Linda. El cuarto tiene que ver con uno de los momentos más recordados de la persecución: en el equipo había dudas sobre qué tan convincente iba a quedar el CGI del helicóptero pasando por debajo del puente, así que resolvieron el problema por la vía más simple. El piloto lo hizo de verdad.

El quinto detalle explica que la apertura en el bar de motoqueros haya estado a punto de desaparecer. El presupuesto original de 75 millones de dólares trepó a 88 y todo indicaba que iba a seguir subiendo, y los ejecutivos de Carolco empezaron a proponer recortes. Uno de los blancos fue esa escena inicial. El estudio intentó que Arnold Schwarzenegger convenciera a James Cameron de eliminarla y el actor se negó de plano: "Solo un chico de estudio cortaría una escena así", respondió. El sexto es más íntimo y bastante menos difundido: los alaridos de agonía del T-1000 en el desenlace son gritos del propio Cameron.

Terminator 2 se reestrenó en cines

Terminator 2 se reestrenó en cines

La discusión por las muertes que terminó definiendo al personaje

El séptimo detalle es el que más contradice a la memoria del público. Con toda su reputación de violencia, Terminator 2 tiene un recuento de muertes bajísimo: un máximo de dieciséis, sin contar los tres mil millones del Día del Juicio, y apenas trece visibles, catorce en la versión extendida. Solo dos personajes mueren por disparos, el empleado del centro comercial y Miles Dyson, mientras que la primera entrega rozaba las cuarenta bajas. El T-800 no mata a nadie: hiere, y nada más.

El octavo dato revela que ese cambio no salió de una convicción artística. Según Cameron, tuvo que convencer a Arnold Schwarzenegger de aceptar la regla de no matar, y el actor recién lo blanqueó en 2023: estaba en plena competencia por cantidad de cadáveres con Sylvester Stallone y pretendía que las muertes del T-800 se duplicaran y fueran más brutales. Cameron le contestó que era un tipo enfermo por usar esa excusa y le impuso el conteo en cero. Schwarzenegger temía que los fans reaccionaran mal, como había pasado con Conan el destructor, y terminó admitiendo que la solución era brillante.

El noveno detalle desarma una versión que circuló durante años. La frase que el Terminator suelta tras acabar con el T-1000, un pedido de vacaciones que Arnold Schwarzenegger ya había pronunciado en Poli de guardería en 1990, se atribuía a una improvisación en el set. El libro ilustrado con el guion de la película demostró que estaba escrita desde el comienzo.

El décimo es una marca de fábrica de Cameron que dura apenas una fracción de segundo: cuando Sarah golpea a Douglas en la cara con el palo del trapeador, el director insertó un único fotograma blanco en el instante exacto del impacto, para reproducir el destello que percibe alguien que recibe un golpe en la cabeza. Ya lo había usado en Abyss, cuando Cat golpea a Coffey.