The Bride!: por qué la nueva película cambia la historia de Frankenstein e introduce a un personaje inesperado
Maggie Gyllenhaal reinventa el mito de Frankenstein con The Bride!, una versión punk y rebelde que le da voz a la criatura más olvidada del clásico.
El universo de Frankenstein vuelve al cine, pero esta vez con una mirada inesperada. En The Bride(La novia), la directora Maggie Gyllenhaal reimagina el mito clásico desde un lugar más salvaje, feminista y provocador. El resultado es una película que mezcla terror gótico, fantasía y espíritu punk para replantear una pregunta simple: ¿qué pasaría si la famosa novia del monstruo finalmente pudiera hablar?
La película, protagonizada por Jessie Buckley, se inspira en el universo creado por Mary Shelley en la novela Frankenstein, pero se aleja rápidamente de cualquier adaptación clásica. En lugar de recrear la historia conocida, Gyllenhaal decide expandirla, romperla y reconstruirla con una identidad propia.
Esta nota contiene spoilers de la película The Bride!
The Bride!: reinventa el mito y suma un personaje inesperado
La historia comienza en la ciudad de Chicago en la década del 30. Allí, Buckley interpreta a Ida, una joven que muere tras una violenta caída por las escaleras. Su cadáver es recuperado del cementerio y reanimado por la científica Dr. Euphronious, interpretada por Annette Bening, con el objetivo de crear una compañera para el monstruo de Frankenstein, encarnado por Christian Bale.
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Pero la película no se queda ahí. Por si la película no fuera lo suficientemente caótica, la directora introduce a Mary Shelley como un personaje dentro de la historia. Buckley también se pone en la piel de la escritora, quien observa desde el más allá y decide intervenir en el destino de su propia creación.
La autora literalmente posee a Ida y la impulsa a romper con el rol que le fue asignado. En lugar de convertirse en la pareja sumisa del monstruo, la nueva criatura inicia junto a él una especie de viaje criminal a través del país, intentando encontrar su lugar en el mundo.
Buckley describe a Shelley como "la provocadora definitiva", una figura que desafía a decir la verdad y aceptar la propia monstruosidad. Gyllenhaal va incluso más lejos, al decir que para ella Shelley tenía una "energía rebelde, casi punk".
La novia de Frankenstein finalmente tiene voz
En la novela original de Frankenstein, publicada en 1918, Mary Shelley introduce ligeramente la idea de una pareja para la criatura. Este le pide a Victor Frankenstein una compañera y comienza a construirla, pero termina por destruir el cuerpo antes de darle vida por temor a las consecuencias.
Es finalmente en la película de 1935 que el personaje cobra vida en la película La novia de Frankenstein. Interpretada por Elsa Lanchester, terminó convertida en un ícono del cine de terror, pese a tener una escasa participación en la historia y ni una línea de diálogo.
Para Maggie Gyllenhaal, esa ausencia de palabra resulta absurda. El personaje nace únicamente para ser la pareja de alguien a quien ni siquiera conoce y su única reacción es gritar. La idea de una figura icónica pero silenciosa fue el punto de partida para esta reinterpretación. La directora se preguntó qué pasaría si finalmente pudiéramos escuchar lo que esa criatura piensa, siente y quiere.
El resultado es una historia que apunta a que las mujeres puedan encontrar su propia voz. De esta forma, en La novia, la criatura deja de ser un accesorio narrativo para convertirse en una protagonista que va en busca de su propia identidad y que desafía su propio origen.
Jessie Buckley y una Mary Shelley fuera de control
Para Buckley, interpretar a dos personajes conectados entre sí fue uno de los grandes desafíos de la película. Por un lado está Ida, la mujer resucitada. Por otro, Mary Shelley, una figura casi espectral que intenta terminar la historia que empezó siglos atrás.
La actriz filmó muchas de las escenas de Shelley estando embarazada de ocho meses, una experiencia que ella misma describe como extrañamente apropiada para el papel. "Tengo dos latidos dentro de mí", recordó haber pensado en ese momento, sintiendo que estaba en el borde mismo de la creación. Ese estado, entre lo humano y lo monstruoso, atraviesa toda la película.
Buckley explica que la Shelley que interpreta es una mujer que finalmente tiene espacio para decir lo que durante siglos no pudo. Y, en cierto modo, intenta darle a su criatura el amor o la libertad que quizá no logró darle cuando escribió la novela.
El resultado es una película que no solo reinterpreta un clásico del terror, sino que también juega con la idea de que los personajes pueden rebelarse contra sus propios creadores. El problema es que esta idea no está del todo bien ejecutada en la historia y termina siendo una propuesta caótica, excesiva y poco coherente.



