El objeto como protagonista: tres películas donde la cosa es el personaje principal
Tres películas que demuestran que un objeto, sin vida propia, puede sostener una historia entera.
¿Puede un objeto ser personaje? Esta película responde que tal vez si.
Sony Pictures ClassicsUna de las cosas que nos hacen humanos es nuestra relación con las herramientas, y el cine encontró en esa relación una de sus películas más curiosas: aquella donde el protagonista no respira. Desde las primeras piedras talladas hasta el objeto más sofisticado de hoy, los humanos construimos, usamos y nos vinculamos con cosas que no tienen voluntad propia pero que terminan cargando con un significado que va mucho más allá de su función práctica.
El cine entendió eso hace tiempo. No hace falta que un objeto hable, piense o tenga conciencia para que se convierta en el centro de una historia. Basta con que atraviese suficientes manos, suficientes situaciones o suficiente tiempo como para que termine siendo testigo, símbolo o incluso amenaza de todo lo que rodea a los personajes humanos que sí tienen voz.
Estas tres películas convierten a un objeto inanimado en protagonista, cada una desde un ángulo completamente distinto.
El violín rojo (1998)
Un violín construido en la Italia del siglo XVII atraviesa siglos, países y dueños, desde un taller artesanal hasta una casa de subastas contemporánea, dejando una huella distinta en cada vida que toca. Girard estructuró la película como una serie de historias entrelazadas, todas unidas por el mismo instrumento, que funciona como hilo conductor y como protagonista silencioso de cada época que atraviesa. El violín nunca habla pero la película entera gira alrededor de lo que representa para cada persona que lo posee.
Náufrago (2000)
Un ejecutivo de FedEx sobrevive a un accidente aéreo y queda varado en una isla desierta, donde su única compañía termina siendo una pelota de vóley a la que llama Wilson. Si bien el protagonista es el hombre, no hay película sin el balón que funciona como recurso narrativo para mostrar la soledad del protagonista y se convierte en uno de los vínculos más memorables del cine reciente. Una pelota sin rostro definido, sin voz, que el espectador termina sintiendo como un personaje con peso propio.
Christine (1983)
Un adolescente tímido restaura un auto clásico de 1958 que resulta tener voluntad propia, celos y una capacidad de violencia que va transformando a su dueño. Estamos hablando de una de las películas de terror más particulares de los ochenta al convertir un objeto cotidiano (un auto) en una presencia amenazante y casi humana sin necesidad de darle voz ni rostro. Christine es la villana de la película y nunca dice una sola palabra.




