La historia real detrás de México 86, la nueva película de Netflix
La película protagonizada por Diego Luna llegó este viernes a Netflix y está basada en hechos reales.
Diego Luna protagoniza México 86
Si tienes cierta edad, alcanza con mencionar el Mundial de México del 86 para que vuelvan las imágenes: la mascota Pique, los cuatro goles de Butragueño a Dinamarca en Querétaro o la mano de Dios de Diego Maradona contra Inglaterra en el Azteca.
Lo que casi nadie conoce es lo que ocurrió lejos del campo de juego, y eso es justamente lo que viene a reconstruir México 86, la película que Netflix estrenó este viernes 5 de junio. Diego Luna interpreta a Martín de la Torre, un burócrata cuya obsesión por el fútbol terminó convirtiendo a su país, por segunda vez, en anfitrión de uno de los eventos deportivos más grandes del planeta. El precio de ese sueño, según muestra el filme, fue jugar siempre al límite de la tarjeta roja.
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Es el segundo cruce de Luna con el universo futbolero, después de Rudo y Cursi (2008) junto a su amigo Gael García Bernal. Acá interpreta a un funcionario apasionado que hace una promesa disparatada para quedarse con la organización del Mundial de 1986, luego de que Colombia bajara su candidatura. Esa decisión dispara una carrera caótica para montar el mayor espectáculo del fútbol mundial y, de paso, deja al descubierto la cara más turbia de ese negocio.
La conexión personal del actor con esa época es profunda. "Es un México que tengo muy grabado y vivo en mi memoria. Tenía apenas seis años cuando pasó el terremoto", contó a la agencia EFE, en referencia al sismo de magnitud 8,1 que sacudió la capital mexicana apenas nueve meses antes del puntapié inicial. Para Luna, hablar de aquel Mundial es hablar de su infancia y de su primer vínculo con un deporte que nunca lo soltó. La dirección quedó en manos de Gabriel Ripstein, con experiencia en producciones como Narcos, que aclaró desde el arranque que, aunque parte de hechos verídicos, esto también es una obra de ficción.
La historia real detrás de la película
Esa advertencia es clave para entender qué tanto hay de verdad en la trama. "Mi personaje es ficticio, pero muchas de las cosas que suceden en la película son cosas que hemos leído y sabemos, o que hemos oído que sucedieron", explicó Luna, que se inspiró en Rafael del Castillo, presidente de la Federación Mexicana de Fútbol en los 80. A su lado aparece Karla Souza como su pareja, y desfilan protagonistas reales de aquella historia: el titular de la FIFA Joao Havelange, el goleador Hugo Sánchez, el dueño de la mayor cadena de televisión mexicana Emilio Azcárraga e incluso Henry Kissinger, que empujó la candidatura de Estados Unidos.
El camino hasta esa sede tuvo más vueltas de las que se recuerdan. Desde 1964, la FIFA había resuelto alternar el Mundial entre Europa y América, y bajo ese esquema Colombia había sido elegida en 1974 para organizar el de 1986. Pero la falta de infraestructura y la inestabilidad política empujaron al país cafetero a renunciar en noviembre de 1982. De inmediato se anotaron cuatro candidatos: Estados Unidos, Canadá, México y Brasil. Pese al respaldo de figuras como Pelé y Franz Beckenbauer a la opción estadounidense, la escasa popularidad del fútbol allí —y lo mismo en Canadá— terminó descartándola. Brasil se bajó enseguida y México quedó como la única alternativa viable.
El país ya había sido anfitrión en 1970 y aseguraba poder cumplir en tiempo récord con las exigencias de la FIFA. El problema es que atravesaba una crisis política y económica inédita, a la que se sumó la tragedia del terremoto de 1985. Aquel desastre expuso al Gobierno por su respuesta tardía y por su negativa a aceptar ayuda internacional, y abrió un fuerte interrogante sobre la seguridad y la credibilidad de organizar semejante evento. Aun así, nada frenó al comité organizador, tal como narra el filme. Lo que quedó para la historia fueron los abucheos al presidente Miguel de la Madrid el día de la inauguración, frente a más de 110.000 personas en el Estadio Azteca.
Esa no fue la única controversia del torneo. El mal estado del césped en varios estadios, la altura de algunas ciudades y el calor agobiante de los partidos disputados al mediodía —por la diferencia horaria con Europa— generaron quejas interminables. Detrás de esa decisión estaba la lógica económica de la FIFA de Havelange, orientada a exprimir publicidad y patrocinios. Nada de eso impidió que aquel Mundial siga considerándose uno de los más espectaculares de la era moderna en lo estrictamente futbolístico. Sirvió para consagrar a Maradona, Gary Lineker, el propio Butragueño o Lothar Matthäus, y le regaló alegrías a un país golpeado, con un seleccionado que llegó hasta los cuartos de final.
Para Ripstein, ese Mundial marcó un antes y un después: el fútbol se transformó en algo gigantesco, de alcance global, aunque también más inaccesible. El director se sumó así a las críticas que García Bernal había lanzado contra la reputación de la FIFA. Y hubo, además, un castigo concreto para el anfitrión: la lógica del todo vale que había permitido conseguir la sede del 86 terminó costándole a México su presencia en Italia 90.
Ese capítulo se conoció como el caso de Los Cachirules, destapado por dos periodistas. La FIFA vetó a la Federación de Fútbol de México de todas sus competencias durante dos años tras comprobar que había falsificado documentos de varios futbolistas para hacerlos pasar por menores de 20 y disputar el premundial sub-20 de Concacaf en Guatemala, que repartía dos plazas para el Mundial sub-20 de Arabia Saudita de 1989.
Aquella mancha quedó casi olvidada, pero el estreno reavivó otra polémica, esta vez con la gran figura de aquel seleccionado. Hugo Sánchez cuestionó con dureza la manera en que lo retrata el filme: dijo a ESPN que ese personaje no es él y que mucho de lo que muestra son suposiciones, imaginaciones y mentiras. El propio Diego Luna salió a responderle durante la presentación oficial, al recordar que no se trata de un documental y que la obra aclara desde el inicio que solo algunas cosas son ciertas.


