Dónde se filmó Hombre en llamas, la serie que arrasa en Netflix

La serie protagonizada por Yahya Abdul-Mateen II se ha ubicado entre lo más visto de Netflix en gran cantidad de países.

Hombre en llamas arrasa en Netflix

Hombre en llamas arrasa en Netflix

Foto: Netflix - Juan Rosas.

Pocas veces una producción de streaming apuesta tan fuerte por sus locaciones como Hombre en llamas, la serie de Netflix estrenada el 30 de abril. Más allá del peso de su elenco encabezado por Yahya Abdul-Mateen II y de una trama densa que mantiene la tensión durante siete episodios, la serie apoya buena parte de su narración en escenarios reales repartidos entre tres países.

El rodaje se extendió entre el 15 de octubre de 2024 y fines de febrero de 2025, con un presupuesto de ocho cifras y una logística milimétrica. La elección de las ciudades no fue casual: Brasil aportó autenticidad al relato, México ofreció escala e infraestructura técnica, e Italia conectó con el origen literario del proyecto. Cada destino cumple una función específica dentro del relato, lo que aleja a la producción del recurso habitual de disfrazar una sola ciudad como si fueran varias.

Hombre en llamas Netflix teaser oficial (doblado)

Río de Janeiro funciona como columna vertebral de la historia. Allí se filmaron las secuencias más reconocibles, donde la cámara aprovecha el contraste entre la postal costera de la bahía de Guanabara y los barrios densos que trepan por los morros. Esa tensión visual —entre lo turístico y lo cotidiano— le da al relato una textura áspera, lejos del cliché publicitario. Las escenas de exteriores en zonas urbanas concurridas refuerzan esa sensación de caos contenido que atraviesa al personaje de Creasy.

El rodaje de Hombre en llamas: un viaje por tres países

Buena parte del peso técnico, sin embargo, recayó en Ciudad de México. Los estudios de la capital mexicana albergaron secuencias de acción complejas y trabajos de stunts que requerían condiciones controladas, algo difícil de lograr en las calles brasileñas. Fue justamente durante esta etapa, en diciembre de 2024, cuando Yahya Abdul-Mateen II sufrió una lesión menor en una mano que obligó a una breve pausa. El contratiempo se resolvió rápido y el cronograma siguió su curso sin mayores sobresaltos.

El tramo europeo se filmó en Milán, una elección que va más allá de lo estético. La novela original de A.J. Quinnell, publicada en 1980, tenía fuertes raíces europeas, y la producción decidió recuperar ese tono mediante escenas puntuales que cambian el ritmo del relato. En Milán, la energía deja de ser frenética y se vuelve más calculada, casi quirúrgica.

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Hombre en llamas arrasa en Netflix

Hombre en llamas arrasa en Netflix

A esa atmósfera se suma Piamonte, en los alrededores de Turín, donde se grabaron pasajes más íntimos y reflexivos. Estas secuencias ofrecen un respiro dentro de la vorágine general y aportan una capa temática que no busca llamar la atención.

San Pablo completa el mapa brasileño con una estética distinta a la de Río. Acá predominan las torres de vidrio, las calles estrechas y una sensación corporativa que enfría el clima del relato. La ciudad aporta un costado más moderno y casi clínico, útil para anclar ciertos tramos de la historia en un entorno menos visceral.

La producción manejó con discreción los detalles del rodaje en cada locación, no tanto por secretismo como por cuestiones operativas. Filmar en calles reales con una figura tan reconocible como Abdul-Mateen II implicaba minimizar interrupciones y mantener el control sobre los tiempos. La estrategia funcionó: el resultado en pantalla transmite una sensación de cobertura global genuina, sin el efecto armado que suele aparecer cuando se abusa de los sets.