Final explicado de Mal de amores, la serie mexicana que triunfa en Netflix
La serie mexicana, basada en la novela de Ángeles Mastretta, culmina con un final onírico que resuelve la disyuntiva de Emilia Sauri.
Emilia debe decidir entre dos amores en el final de Mal de amores
Hay finales que se resuelven con una decisión y otros que se resuelven con una imagen. Mal de amores eligió las dos cosas. La serie mexicana desembarcó en Netflix el 2 de septiembre con siete episodios y adapta la novela homónima de Ángeles Mastretta, con dirección de Catalina Aguilar Mastretta, hija de la escritora.
En el centro de la serie está Emilia Sauri (Renata Vaca), una joven que crece durante el Porfiriato con una obsesión poco habitual para las mujeres de su época —estudiar medicina— y con dos hombres en el horizonte: Daniel Cuenca (Juan Pablo Fuentes), el amor imposible de sostener, y Antonio Zavalza (Iván Amozurrutia), el amor posible. La pregunta que atraviesa los siete capítulos es la misma que planteaba el libro: si se puede construir una vida estable sin renunciar del todo a alguien que nunca termina de irse.
La respuesta llega después de un largo desfile de separaciones y reencuentros: Emilia arma su vida junto a Antonio Zavalza. No es una elección tomada a la ligera ni un desenlace impuesto por el destino, sino una conclusión a la que la protagonista llega por acumulación. Lo suyo con Daniel es intenso, pero también intermitente: él está comprometido con la Revolución y sus ausencias funcionan como un patrón imposible de sostener en el tiempo. Emilia entiende algo que la serie subraya sin sentimentalismo barato: amar a alguien y poder compartir una vida con esa persona no son la misma cosa.
El punto de quiebre llega cuando la pareja está considerando casarse y una balacera en un casino los obliga a replantear la decisión. Daniel debe escapar y Emilia regresa a su casa en Puebla, donde vuelve a cruzarse con Antonio, que la invita a trabajar como doctora en su hospital. En paralelo, la tía Milagros revela que está enferma y debe viajar a Chicago para someterse a un tratamiento. Emilia la acompaña y, en Estados Unidos, aparece otra vez Daniel. Pasan la noche juntos, pero ella ya sabe que ese vínculo no tiene un horizonte claro y toma la decisión definitiva: volver con Antonio.
Final explicado: qué significa la última escena de 1968
El cierre da un salto temporal hasta 1968 y muestra a Emilia convertida en una mujer anciana. A su alrededor empieza a ocurrir algo extraño: las personas que la rodean recuperan la apariencia que tenían en su juventud e incluso reaparecen personajes que ya habían muerto. Entonces entra Daniel. Ella le pregunta cuándo llegó y él contesta que siempre estuvo ahí. La secuencia es deliberadamente onírica y funciona como una puesta en escena de la memoria de la protagonista: Daniel puede no estar presente en términos físicos, y eso es precisamente lo que la escena quiere decir. El final de Mal de amores sostiene que Emilia eligió a Antonio para compartir la vida, pero jamás logró sacarse a Daniel de la cabeza.
En la novela, publicada en 1996 y ganadora del Premio Rómulo Gallegos en 1997, el desenlace es parecido, aunque con diferencias que vale la pena marcar. Ahí Emilia se casa con Antonio, tiene hijos y construye con él una vida familiar plena, pero Daniel nunca desaparece del relato: los dos siguen encontrándose a lo largo de los años. El libro avanza hasta 1963, con Emilia ya mayor, cuando Daniel vuelve a aparecer y ella le hace la misma pregunta que en la versión de Netflix. La respuesta de él, en la página, es una frase corta y demoledora: "Nunca me voy".



