Final explicado de Muerte en el Nilo, la película que triunfa en Netflix
La película, protagonizada por Kenneth Branagh junto a Gal Gadot, Armie Hammer y Emma Mackey, propone un rompecabezas criminal a bordo de un crucero por Egipto.
Kenneth Branagh dirigió y protagonizó Muerte en el Nilo
Foto: Star+El catálogo de Netflix volvió a demostrar que los misterios clásicos nunca pasan de moda: Muerte en el Nilo, la adaptación que Kenneth Branagh hizo de la novela de Agatha Christie, se metió entre los contenidos más vistos de la plataforma y reavivó las dudas de miles de espectadores sobre su final. La película, protagonizada por el propio Branagh junto a Gal Gadot, Armie Hammer y Emma Mackey, propone un rompecabezas criminal a bordo de un crucero por Egipto que se resuelve con una vuelta de tuerca tan elaborada como inesperada.
Final explicado: quién asesinó a Linnet y cómo funcionó el engaño
Durante la secuencia de revelación, Hércules Poirot expone que el crimen de Linnet Ridgeway Doyle fue planificado por su flamante esposo, Simon Doyle, en complicidad con Jacqueline de Bellefort, su antigua y todavía vigente amante. La coartada de ambos resultó casi perfecta: la noche del asesinato, Jackie pareció dispararle a Simon en la pierna, pero en realidad utilizó una bala de fogueo. Él simuló la herida con un pañuelo manchado de pintura roja y, mientras los pasajeros buscaban al médico, corrió hasta el camarote de su esposa dormida y la ejecutó de un tiro. Después regresó al salón, se disparó de verdad en la pierna y arrojó el arma al río.
Mirá el tráiler:
El plan tenía un móvil tan viejo como el mundo: el dinero. Jackie ideó todo para beneficiar al hombre que amaba, incluso empujándolo a seducir a su amiga millonaria. La puesta en escena incluyó invitar al viaje a todos los conocidos de Linnet que guardaban rencores contra ella, de modo que sobraran sospechosos con motivos. Lo que la pareja no calculó fue la presencia del detective belga, capaz de desarmar cada coartada. En el camino quedaron dos víctimas más: la mucama Louise Bourget, que insinuó un chantaje tras ver a Simon salir del camarote, y Bouc, el amigo de Poirot, silenciado de un balazo cuando estaba a punto de señalar a la asesina.
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La trama suma además una pista falsa de peso: el intento de homicidio en los templos de Abu Simbel, cuando una roca cae a centímetros de los recién casados. Ese ataque no fue obra de los amantes sino del primo Andrew, desesperado porque Linnet estaba a punto de descubrir que le desviaba fondos. Ese desvío argumental refuerza la sensación de que cualquiera a bordo podía ser culpable, uno de los recursos que explican por qué el final de la cinta sigue generando debates entre quienes la descubren ahora en streaming.
La imagen que cierra la historia, con Poirot sin su bigote característico escuchando cantar a Salome Otterbourne en un club de Londres, condensa el verdadero corazón del relato. El film inventa un pasado para el detective: un soldado desfigurado en la Primera Guerra Mundial cuya prometida, antes de morir, le sugirió cubrir sus cicatrices con ese bigote. Durante décadas, ese rasgo funcionó como una armadura emocional. Al afeitárselo, el personaje se muestra dispuesto a volver a vincularse con el mundo y, quizás, a enamorarse otra vez. Es la síntesis de la idea que atraviesa toda la obra: hasta el hombre más racional del planeta hace cosas irracionales por amor.


