La historia real detrás de las obras de arte robadas que aparecen en Berlín y la dama del armiño

Si bien la serie española no está basada en hechos reales, en un momento aparecen obras de arte que efectivamente llevan varios años desaparecidas.

Berlín y la dama del armiño arrasa en Netflix

Berlín y la dama del armiño arrasa en Netflix

El estreno de Berlín y la dama del armiño en Netflix llegó con la promesa que los seguidores de La Casa de Papel venían esperando: un golpe imposible, un objetivo deslumbrante y la figura magnética de Berlín al frente de la operación.

La trama es enteramente ficcional, pero hay un detalle que está pasando desapercibido para la mayoría del público y que vale la pena revisar con calma: cada uno de los lienzos que aparecen en el búnker secreto del duque Álvaro corresponde a una pieza que fue efectivamente robada en algún punto del último siglo, y varias de ellas continúan desaparecidas hasta el día de hoy.

Berlín y la dama del armiño - nuevo tráiler oficial

Antes de entrar en ese pequeño museo subterráneo, conviene detenerse en el centro de la historia. La obra que da título a la serie existe y es uno de los retratos más célebres del Renacimiento. La pintó Leonardo da Vinci alrededor de 1490 y muestra a Cecilia Gallerani, la culta y elegante amante de Ludovico Sforza, duque de Milán. El pequeño animal blanco que la joven sostiene entre los brazos funciona como una alegoría de pureza y moderación, pero también como un símbolo personal del propio Sforza, a quien apodaban "el armiño blanco". La pintura tiene además una historia real ligada al pillaje: durante la Segunda Guerra Mundial fue saqueada en Polonia por las fuerzas nazis y terminó en manos de Hans Frank, gobernador alemán del territorio ocupado. Después de la guerra fue recuperada y actualmente se exhibe en el Museo Czartoryski de Cracovia.

En la ficción, el camino es otro. El duque de Málaga le encarga a la banda de Berlín lo que parece un robo soñado: arrebatar La dama del armiño para sumarla a su colección privada. Lo que el espectador descubre después es que el verdadero golpe no era el cuadro. Berlín orquesta una doble jugada: mientras el duque cree que su tesoro está a salvo, la banda vacía la caja fuerte subterránea y lo extorsiona con la prueba de sus negocios sucios, dejándolo únicamente con la pintura robada. Hay una capa filosófica en todo esto que el guion trabaja con cuidado, porque el personaje rechaza la idea de que obras de semejante magnitud queden pudriéndose en sótanos privados y termina garantizando que regresen a los museos públicos.

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Berlín y la dama del armiño llegó hace unos días a Netflix

Berlín y la dama del armiño llegó hace unos días a Netflix

La historia real detrás de las obras robadas

La escena que dejó en estado de shock a buena parte de la audiencia ocurre justo cuando Berlín ingresa al búnker. Lo que parece una colección decorativa cuidadosamente armada es, en verdad, un catálogo de crímenes sin resolver. Los guionistas hicieron un trabajo fino: cada cuadro elegido para esa secuencia se corresponde con un robo célebre que sigue abierto. La pista no se subraya, pero está a la vista para quien sepa mirar.

El primero es la "Natividad con San Francisco y San Lorenzo" de Caravaggio, sustraído en 1969 por la mafia siciliana en Palermo. El caso encabeza desde hace décadas la lista de los crímenes de arte más perseguidos por el FBI y se calcula su valor en cerca de 20 millones de dólares. Aparece también "La tormenta en el mar de Galilea" de Rembrandt, una pieza que fue arrancada de su marco durante el legendario asalto al Isabella Stewart Gardner Museum de Boston en 1990, un golpe que se llevó obras tasadas en más de 100 millones y que continúa sin culpables identificados.

Completan la galería oculta dos casos más recientes. "Mujer con abanico" de Amedeo Modigliani fue uno de los cinco cuadros que se llevó en 2010 el ladrón apodado el "Spider-Man de París", autor de un asalto de azotea que escandalizó a Francia. Y, finalmente, está el "Retrato de un joven" de Rafael, una pieza que los nazis sustrajeron en 1939, se perdió su rastro en 1945 y hoy es considerada el cuadro más valioso aún desaparecido desde la Segunda Guerra Mundial.