Las revelaciones más impactantes sobre Mr. T del nuevo documental de Netflix
El documental de Netflix sobre Mr. T revela un lado oscuro de su infancia y un ascenso inesperado a la fama, contrastando con la imagen que proyectaba.
Mr. T en Rocky III
El nuevo capítulo de la saga documental deportiva de Netflix estira los límites del género hasta casi romperlos: en Al descubierto: Mr. T apenas se menciona que su protagonista alguna vez jugó al fútbol americano.
Lo que importa acá son las cadenas de oro, el peinado imposible, las frases lapidarias y el ascenso relámpago de una celebridad que definió los años 80. El estreno llegó con polémica incorporada, porque el propio Mr. T despedazó la película en una entrevista con The Guardian: la calificó de basura y aclaró que él es mucho más que eso. Con 48 minutos de duración, la producción se siente tan incompleta como aquel estrellato fugaz que arrancó en 1982 con Rocky III y empezó a apagarse después de su segunda aparición en WrestleMania, en 1986.
Mirá el tráiler:
La revelación más perturbadora del documental viene de su infancia en el South Side de Chicago, donde creció en la pobreza junto a once hermanos. Cuando dos hombres agredieron a su madre y le robaron el dinero de la asistencia social, él fue a buscarlos con una escopeta calibre 12. En cámara lo describe como un episodio fuera de sí, casi una experiencia extracorpórea. En su autobiografía de 1985, Mr. T: The Man with the Gold, había sido todavía más explícito al señalar que hasta ese momento nunca había matado a nadie. El detalle contrasta con la imagen de modelo positivo que él mismo cultivó durante los años de fama.
El salto al estrellato tampoco fue como suele contarse. Durante la temporada televisiva 1980-81, la NBC emitía Games People Play, un ciclo dominical de competencias absurdas que incluía panzazos en el agua y desafíos de tomar cerveza. Mr. T, que en ese momento trabajaba como portero de boliche y guardia de seguridad, participó en el episodio dedicado a elegir al mejor patovica de Estados Unidos. Ahí demostró su habilidad para atravesar puertas y levantar hombres por el aire, y esa exhibición llamó la atención de Sylvester Stallone, que lo contrató para interpretar a Clubber Lang. Lo que siguió fue una ubicuidad difícil de explicar hoy: la serie Brigada A, un dibujo animado propio, un cereal para el desayuno con su cara y comerciales de Snickers, 1-800-COLLECT y hasta pasta dental.
El lado oscuro de Mr. T en el documental de Netflix
Entre las anécdotas más jugosas aparecen sus exigencias de camarín. En el pico de su popularidad reclamaba una limusina blanca para cada aparición pública y botellas y más botellas de Calgon Bouquet para sus baños de inmersión. Quien lo cuenta es Peter Young, su ex representante, que sostiene que hacer las cosas de otra manera se consideraba una falta de respeto. Mr. T casi no responde a esa versión en pantalla, aunque después reveló en The Guardian que le había pedido expresamente a la plataforma no entrevistar a Young y que el director Scott Weintrob lo hizo igual. El material también repasa la tensión dentro de Brigada A, la serie que la NBC construyó en 1983 alrededor de su figura: él asegura que fue el único del elenco que no tuvo que audicionar, algo que habría alimentado los choques de ego con George Peppard, molesto por quedar en segundo plano.
La parte más humana llega sobre el final. En 1995 le diagnosticaron linfoma de células T, un cáncer poco frecuente que ataca la sangre y que lo obligó a someterse a quimioterapia. Sobrevivió y hoy, a los 74 años, se muestra bastante más humilde que el personaje intimidante de los 80. El documental lo sigue a la Fan Expo de Dallas, donde se quiebra frente al cariño del público y admite entre lágrimas que necesita frenar. También lo muestra apoyado en su fe, leyendo escrituras junto a su pastor, y recupera imágenes de su paso por la Casa Blanca vestido de Papá Noel con Nancy Reagan sentada sobre sus rodillas, cuando era vocero de la campaña antidrogas "Just Say No". Ese cruce entre el ícono contracultural y las instituciones más conservadoras queda planteado, aunque nadie se anima a preguntarle qué piensa hoy al respecto.


