Mi año en Oxford: Un drama romántico que queda a mitad de camino pero que, al final, logra conmover
Cuando un género funciona, suele usárselo hasta el cansancio y Mi año en Oxford es una prueba de ello, que, pese a las buenas intenciones, no logra traspasar.
Ella, una chica norteamericana de clase media que llega a Reino Unido para continuar con su formación académica. Él, una suerte de lord británico que da tutorías en Oxford. La premisa de Mi año en Oxford no tiene nada de espectacular, pero cumple con las reglas básicas del género; pese a que se queda a mitad de camino.
Recién llegada a Netflix, la cinta sigue a Anna, una ambiciosa joven estadounidense que está a punto de cumplir su sueño: estudiar en Oxford, Inglaterra. Si bien todo su plan estaba marcado de principio a fin, sin espacio siquiera para el ocio, en un joven británico encontrará el amor. Lo que Anna desconoce es que él esconde un secreto y que muchas cosas a su alrededor no son lo que parecen; haciendo que ella deba plantearse si está dispuesta a cambiar el rumbo de su vida.
Así es Mi año en Oxford, el drama romántico que va camino a convertirse en lo más visto de Netflix:
Basada en la novela homónima de Julia Whelan, Mi año en Oxford es un desgarrador drama romántico (no, no es comedia como se la ha querido vender) que tiene las mejores intenciones pero que queda a mitad de camino. La historia se desarrolla tan rápido y a la ligera, que cuando el romance se transforma en un amargo drama, al espectador le queda poco tiempo de reacción.
Si bien la pareja central es efectiva, por momentos, la química entre Sofia Carson y Corey Mylchreest es un tanto forzada, sobre todo al principio que los personajes pasan del odio al amor. Luego, con el transcurso de la historia y del drama, entre ambos sucede la magia; es que logra conmover con un final a la altura del género que eleva la cinta.
En este viaje de autodescubrimiento, Anna se verá obligada a decidir si sigue con su plan original o si apuesta por una historia que, sabe, le dolerá toda la vida; y es ahí, donde al final, se encuentra el corazón de este drama romántico que, a diferencia del libro, está bastante edulcorado.
Si bien se trata de una historia efectiva que seguramente se convertirá en lo más visto de Netflix durante el fin de semana, Mi año en Oxford es la prueba de que abusar de un género no siempre es una buena idea, más cuando Sofia Carson venía de protagonizar Mi lista de deseos, uno de los mejores dramas románticos de este año.



