Netflix: la película animada sobre un mito global que es perfecta para ver en familia
Realizada en España, fue una apuesta arriesgada de Netflix que se convirtió en un suceso a nivel global, posicionando a la plataforma al nivel de Disney.
Durante años, hablar de cine animado era hablar de Disney; pero, hoy, es pensar, también, en estudios independientes y plataformas de streaming apostando por historias distintas pero no por ello menos emotivas. Una de esas historias es Klaus, una jugada apuesta española producida por Netflix que obtuvo el favor del público y la crítica.
"A Jesper, el peor estudiante de la academia postal, le destinan a Smeerensburg, una gélida isla más allá del Círculo Polar Ártico, donde sus conflictivos habitantes apenas intercambian palabras y, mucho menos, cartas. Jesper está a punto de rendirse cuando encuentra una aliada, Alva, la profesora del pueblo. También descubre a Klaus, un misterioso carpintero que vive aislado en una cabaña repleta de juguetes hechos a mano. Estas improbables amistades traerán la alegría de nuevo a Smeerensburg, y crearán un nuevo legado de vecinos generosos, leyendas mágicas y calcetines colgados con cariño en las chimeneas", reza la sinopsis oficial del film que cuenta con un cast de voces internacional entre los que se destacan Belén Cuesta y Jason Schwartzman.
Así es Klaus, la película animada que posicionó a Netfliz en el género
Con un 95% de aprobación en Rotten Tomatoes, Klaus fue realizada mediante animación digital pero con una novedosa técnica que recrea la textura y la calidez del dibujo tradicional, con un uso innovador de luces y sombras que aporta profundidad sin perder la esencia artesanal. Este equilibrio visual refuerza el tono del relato: clásico en su estructura, pero contemporáneo en su ejecución.
Si bien la animación es clave en una película animada, el guion no se queda atrás. A diferencia de otros títulos del género, Klaus comprende la importancia de la trama y, lejos de caer en sentimentalismos fáciles, se decanta por una historia construida con paciencia, que permite que el espectador se testigo de la transformación del protagonista con una idea simple pero poderosa: la bondad puede ser contagiosa. En un mundo donde predomina la desconfianza, un pequeño acto altruista puede desencadenar un cambio colectivo.
Pese a tratarse de una película con navideña, Klaus va mucho más allá; es una obra que rescata valores universales desde una mirada fresca, recordando que incluso en los entornos más hostiles puede surgir algo extraordinario. Su mensaje, lejos de ser ingenuo, resulta necesario: hacer el bien, incluso sin esperar recompensa, puede cambiarlo todo.



