Netflix: los errores que desconciertan a todos en Cuestión de confianza

La película protagonizada por Sophie Turner se ha ubicado entre lo más visto de Netflix, pero los espectadores más atentos han detectado varios errores garrafales.

Sophie Turner es la protagonista de Cuestión de confianza

Sophie Turner es la protagonista de Cuestión de confianza

Hay películas que se disfrutan mejor sin prestarles demasiada atención a los detalles. Cuestión de confianza, disponible en Netflix, es una de ellas. Porque quienes se tomaron el trabajo de observar con cuidado encontraron una serie de errores —de continuidad, de lógica y de verosimilitud técnica— que van desde lo simpático hasta lo directamente inexplicable. A continuación un repaso por los más llamativos.

Georgie, el perro que protagoniza el error más entrañable

Durante una escena de tensión, dos hombres irrumpen en la casa donde se hospeda Lauren. El perro Georgie reacciona ladrando y mordiéndoles los tobillos, y uno de los intrusos le dispara. Lo que sigue es una actuación canina que varios espectadores se tomaron en serio: Georgie huye cojeando, visiblemente lastimado, con la pata en mal estado.

El problema aparece después. Cuando Loretta lo recoge en el veterinario, la pata no tiene ningún vendaje. Y en cuestión de segundos, Georgie baja del auto y sale corriendo a toda velocidad, sin rastro alguno de la lesión que lo tenía en tres patas momentos antes. Uno de los errores más notorios de la película, y curiosamente, uno de los que más ternura genera.

Cuestión de confianza

Lo que el personal médico no puede hacer, pero en la película sí hace

Otro de los errores que más comentarios generó entre los espectadores tiene que ver con una escena en el hospital. Un médico le quita las esposas a un detenido para permitirle ir al baño. El detalle que falla: el personal médico no tiene llaves para los grilletes policiales y no está autorizado para retirarlos bajo ninguna circunstancia.

En la vida real, un paciente que se encuentra bajo custodia policial está permanentemente supervisado por un agente, que es la única persona con autoridad para manejar ese tipo de restricciones. La escena puede pasar desapercibida para la mayoría, pero para quienes conocen el protocolo, es uno de esos errores que resultan difíciles de ignorar.

La puerta que la física no permite, pero la película sí muestra

Kroft y Loretta se acercan a un dormitorio y notan agua filtrándose por debajo de la puerta. Hasta ahí, todo en orden. Lo que viene después es donde Cuestión de confianza pierde el hilo con la realidad: Kroft recibe el impacto de la puerta cuando la presión del agua la empuja hacia afuera y lo aplana contra la pared.

El problema es estructural. Cualquier puerta estándar tiene una moldura de tope en el marco que impide físicamente que se abra hacia el lado opuesto al que fue instalada. Para que esa escena fuera posible, la pared y la puerta tendrían que estar inclinadas de una manera que la película en ningún momento muestra ni sugiere.

cuestion de confianza
Sophie Turner protagoniza Cuestión de confianza.

Sophie Turner protagoniza Cuestión de confianza.

Un pestillo que nadie usa y una tubería que no debería romperse

Entre los huecos de guion más señalados por los espectadores aparece una situación que desafía la lógica más básica. Cuando Lauren huye hacia lo que parece un armario y resulta ser la sala de calderas, los intrusos intentan abrir la puerta pero la manija se rompe. La escena pretende que Lauren queda atrapada, y los personajes actúan como si no hubiera salida.

El detalle que los espectadores no tardaron en señalar: el pestillo es perfectamente visible en la puerta, y cualquiera —Lauren desde adentro, los delincuentes desde afuera— podría haberlo deslizado con un dedo. Nadie lo hace. Nadie parece notarlo.

En esa misma sala, una tubería de hierro de unas tres pulgadas de diámetro atraviesa el espacio a considerable altura. Primero desarrolla una fuga lenta que va creciendo, y luego explota de forma dramática. El problema técnico: una tubería de ese diámetro correspondería a una línea principal de agua en la calle, no a una instalación domiciliaria. Y más importante aún, la tubería no estaba bajo presión, por lo que la ruptura final no tiene una explicación física coherente.