Kaley Cuoco revela quién es la persona con la que no quiere volver a trabajar y da las razones
Trabajar en equipo no siempre es fácil y más aún cuando la tarea a realizar en conjunto no es del todo llevadera. Para Kaley Cuoco, la segunda y última temporada de The Fligth Attendant significó un verdadero desafío para ella que le dejo en claro con quién no volvería a trabajar jamás en su carrera.
"Fue duro interpretar a varias versiones de Cassie. Soy como una esponja, y lo hago de un millón de maneras diferentes en un millón de tomas diferentes. Bueno, esa no es la forma en que se puede hacer con la captura de movimiento. Así que digamos que yo interpretaría todos los días a Cassie, y tendríamos que elegir una toma que nos encantara, que luego arreglaríamos en el acto. Luego me iba a cambiar, y estaría trabajando contra esa toma como esta nueva Cassie. Y así sucesivamente. Si me equivocaba, teníamos que empezar de nuevo. Era una forma muy diferente de trabajar", dijo.
Crédito: HBO
Y, agregó: "¿Sabes con qué persona no quiero volver a trabajar nunca más? ¡Conmigo misma varias veces!".
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De esta forma, Kaley Cuoco reveló que, para ella, su peor compañera es ella misma ya que rodar una misma escena desde dos ópticas distintas puede resultar muy complicado más cuando uno está atravesando por procesos personales muy complicados que ponen el foco en otro lugar, como le sucedió a ella durante el rodaje de la segunda entrega, donde sus problemas personales fueron demasiado fuertes para poder dejarlos de lado.
Crédito: HBO
"Fue uno de los años más duros de mi vida. No sólo personalmente, sino haciendo este personaje tan atormentado. Fue la primera vez que empecé terapia, he sido muy abierto al respecto. Empecé al principio de la segunda temporada, porque estaba pasando por muchas cosas justo antes de empezar a rodar. Fue horrible. Y desarrollé una erupción por estrés que recorrió todo mi cuerpo durante tres meses seguidos y que no se iba. Literalmente, tuve fuego en mi pierna durante tres meses. Apenas podía andar", recordó.
Para poder soportar el duro rodaje y enfrentarse a la vida diaria con entereza, la actriz tuvo una apoyo clave, que dejo su zona de confort para acompañarla: "Zosia Mamet, mi compañera de reparto, se mudó conmigo. Necesitaba a alguien a mi lado. Me estaba volviendo loca. Y muchas de esas escenas eran muy difíciles de hacer porque eran muy odiosas, muy tristes y muy oscuras, y no había mucha ligereza".


