Final explicado de La maldición de Widow's Bay: el giro que nadie vio venir en la serie de Apple TV

La primera temporada de la serie de Apple TV llegó a su final y sorprendió a todos con un giro que nadie vio venir.

Matthew Rhys protagoniza la miniserie de Apple TV. 

Matthew Rhys protagoniza la miniserie de Apple TV. 

Apple TV

Pocas series lograron jugar tan bien con sus espectadores como La maldición de Widow's Bay, la propuesta de Apple TV creada por Katie Dippold que mezcla terror y comedia sobre una isla ficticia y maldita. Con Matthew Rhys a la cabeza interpretando al alcalde Tom Loftis, la historia parecía girar alrededor de una pregunta concreta: cómo romper la maldición que pesa sobre el lugar. Pero el final de la primera temporada se encarga de demostrar que todo lo que veníamos sospechando era apenas una cortina de humo. El verdadero horror estaba en otra parte.

La clave aparece en el penúltimo episodio, cuando Tom descubre que siglos atrás el fundador del pueblo, Richard Warren, selló un pacto con una entidad demoníaca para proteger la isla. La única forma de anular ese acuerdo es exterminar su linaje. Tras una clase de genealogía tan extensa como desopilante a cargo de Rosemary, el alcalde, su asistente Patricia y su aliado Wyck llegan a una conclusión incómoda: la última descendiente de Warren sería Ruth, una colega de 84 años. La discusión sobre si matarla o no para salvar al pueblo abre el episodio decisivo, mientras una tormenta amenaza con arrasar todo y los vecinos se refugian bajo tierra.

Mirá el tráiler de la serie:

Final explicado de la serie

El giro central de la serie llega en la casa de Ruth. La mujer, posiblemente afectada por una combinación peligrosa de medicamentos que el propio Tom alteró para provocar su muerte de manera silenciosa, confiesa un secreto guardado durante años: tuvo un romance con un hombre casado, quedó embarazada y entregó a esa hija para que la criaran como propia. Esa beba era Lauren, la esposa fallecida de Tom. La revelación es demoledora: Ruth no es la última de la estirpe Warren. El verdadero descendiente es Evan, el hijo de Tom. Para frenar la maldición, el alcalde ya no tendría que matar a una anciana, sino a su propio hijo.

Mientras Tom queda paralizado por el descubrimiento, el sheriff Bechir se infiltra en la casa y dispara contra Ruth, convencido por Patricia de que ella es la pieza para terminar con la maldición. Con un bebé en camino, Bechir está dispuesto a todo para proteger a su familia, sin saber que la lógica que lo movía acaba de derrumbarse. Y entonces ocurre lo inesperado: la tormenta se detiene de golpe, aunque Ruth sigue con vida. La señal de que el origen del castigo nunca estuvo en la sangre de los Warren, sino debajo del pueblo, en ese sótano que la serie venía insinuando desde el octavo episodio.

La maldición de Widow's Bay ha sido aclamada por la crítica

La maldición de Widow's Bay ha sido aclamada por la crítica

Ese subsuelo es el corazón del final. Evan y sus amigos abandonan el búnker por aburrimiento y descubren que el refugio forma parte de un laberinto de habitaciones siniestras, con una silla eléctrica en desuso y un juego de puertas selladas en el piso. Cuando un vecino los encuentra y los obliga a volver, uno de los chicos lo encierra sin querer. Evan escucha un grito, fuerza la puerta y comprueba que el hombre desapareció: las puertas del suelo, antes cerradas, ahora están abiertas. Lo que sea que se llevó a ese hombre coincide, justo, con el cese inmediato de la tormenta.

La explicación termina de cerrar gracias a Dale, que mientras buscaba juegos para entretener a la gente del refugio encontró videos sobre la historia de Widow's Bay: rituales de sacrificio humano en los túneles, una criatura que "tiene buen paladar" y el tañido de la campana como contador macabro, una campanada por cada víctima exigida. En la escena de cierre, Tom arroja al mar el colgante que confirmaba el linaje de Ruth, regresa al auto donde lo espera Evan y escucha la campana sonar ocho veces. El monstruo reclama ocho sacrificios. Padre e hijo emprenden el regreso a casa y ahí, con esa cuenta abierta, termina la temporada.