Las lecciones de cine que dejó Casablanca y que cambiaron para siempre a Hollywood
Hasta 1942 era inaudito pensar una cinta romántica sin final feliz pero, con Casablanca, todo cambió. A partir de allí, el género ya no le temería a las historias cargadas de drama y romance, y los cierres realistas, lejos de la magia del cine.
"A consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, Casablanca era una ciudad a la que llegaban huyendo del nazismo gente de todas partes: llegar era fácil, pero salir era casi imposible, especialmente si el nombre del fugitivo figuraba en las listas de la Gestapo, que presionaba a la autoridades francesas al mando del corrupto inspector Renault. En este caso, el objetivo de la policía secreta alemana es el líder checo y héroe de la resistencia Victor Laszlo, cuya única esperanza es Rick Blaine, propietario del Rick’s Café y antiguo amante de su mujer, Ilsa Lund. Rick e Ilsa se habían conocido en París, pero la entrada de las tropas alemanas en la capital francesa los separó, marcando a fuego sus destinos", reza la sinopsis del filme.
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Dirigida por Michael Curtiz, Casablanca ganó tres premios Oscar, incluyendo Mejor Película; aunque, su mayor valor fue haber dejado su huella en las generaciones venideras, cambiando la forma de contar historias.
La primera lección que dejó el filme fue que los grandes éxitos comerciales también pueden ser en extremo dramáticos y cargados de desamor, sin por eso ver su recaudación disminuida en la taquilla. Al contrario, cuando el tono de la película acompaña y la historia es atrapante, convocará de igual manera que cualquier otro género más ligero.
Otra lección es el uso del antihéroe. Rick Blaine, un soberbio Humphrey Bogart, está dispuesto a ayudar a Laszlo e Ilsa, pero sin arriesgar todo lo que ha construido.
Crédito: Warner Bros.
"Yo no me juego el cuello por nadie", dice el personaje en una escena, dejando en claro que, por más buena voluntad que tenga, su bienestar y el de la gente que lo rodea y confía en él está por delante de cualquier causa.
Por último, uno de los grandes cambios que introdujo Casablanca en el cine fue la eliminación del final feliz por uno en extremo realista. Los amantes juntos en el aeropuerto antes de que Ilsa (Ingrid Bergman) parta de Marruecos, es una de las escenas más desoladoras del cine ya que no partirán juntos y será ésta una despedida para siempre aunque, se consolarán con una de las frases más icónicas y poderosas del séptimo arte: "Siempre nos quedará París".


