Las zapatillas rojas, el clásico romántico que no pierde vigencia
En una época en la que el color era una rareza en el mundo del cine, Las zapatillas rojas presentó en pantalla un mundo saturado de tonalidades para narrar la historia de una bailarina y sus zapatillas de ballet.
Crédito: Pinewood
"Victoria Page (Moira Shearer) es una joven bailarina aficionada que, en la fiesta de estreno de un ballet de la compañía Lermontov, dirigida por el implacable Boris Lermontov (Anton Walbrook), es introducida por su influyente tía y obtiene una oportunidad para demostrar su valía, empezando por los teatros más modestos de Londres. Al mismo tiempo Julian Craster (Marius Goring) es un joven estudiante de composición, a quien su profesor ha robado su trabajo, haciéndolo pasar como original para los ballets de Lermontov. Se presentará ante éste y encontrará también la oportunidad para demostrar su valía. En un momento dado, el destino de ambos jóvenes confluyen. A Craster se le encomienda la composición de la música de un nuevo ballet basado en el cuento Las zapatillas rojas, de Hans Christian Andersen. A Page, la retirada de la anterior prima ballerina por matrimonio, le ofrece la oportunidad de bailar el papel principal en el nuevo ballet. También será la ocasión para que ambos jóvenes se encuentren, se conozcan y se enamoren. Y para que se pongan los cimientos para el drama que evolucionará en paralelo al cuento de Andersen.", reza la sinopsis oficial del filme.
El cuento, que se nombra en la cinta en varias oportunidades, sigue a una joven que ve unas zapatillas rojas en un escaparate. El zapatero le regala el par, y ella los usa para bailar con su novio. Después, se da cuenta de que no puede dejar de bailar ni quitarse los zapatos.
Mira el tráiler:
Si bien se dice que la única fuente de inspiración fue el cuento del reconocido escritor danés, al parecer, la historia original de la cinta fue inspirada por el encuentro en la vida real entre Serguéi Diáguilev y la bailarina británica Diana Gould. Embelezado por su belleza y talento, Diághilev le pidió que se uniera a su compañía, pedido que quedó trunco al morir él.
Más allá de la fuente de inspiración, lo cierto es que Las zapatillas rojas es un clásico inoxidable que ha sabido utilizar, como ningún otro, el Technicolor, logrando que los colores, también, narren una descarnada historia de amor que no dejará a nadie indiferente.


