Esta extraña película de ciencia ficción fue catalogada como una de las mejores del siglo XXI (y lo merece)
Esta película fascinante redefinió la ciencia ficción moderna y se ha convertido en una obra de culto.
Recientemente, esta película fue catalogada como una de las mejores del siglo XXI por The New York Times.
A24Scarlett Johansson es, sin dudas, una de las actrices más versátiles de su generación. Su carrera abarca desde blockbusters millonarios hasta cine de autor, y aunque muchos la reconocen como la Viuda Negra del universo Marvel, su filmografía está repleta de papeles arriesgados y profundamente artísticos.
Bajo la piel (Under the Skin), dirigida por Jonathan Glazer (nominado al Oscar a Mejor director por La zona de interés), es una de esas apuestas: una película inquietante y visualmente hipnótica.
Estrenada en 2013, cuando A24 aún no era el fenómeno que es hoy, la cinta no tuvo un recorrido tradicional. Fue recibida con opiniones divididas y una taquilla discreta, pero con el paso del tiempo se ha convertido en una obra de culto.
La crítica la ha redescubierto como una de las propuestas más originales del cine del siglo XXI, al punto de figurar en la lista de The New York Times de las 100 mejores películas del siglo. Con un 83% de aprobación en Rotten Tomatoes, su legado se fortalece a medida que pasa el tiempo.
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A más de una década de su estreno, el impacto de la cinta continúa creciendo. No solo por la magnética actuación de Johansson, que encarna a un personaje perturbador e impenetrable, sino también por el riesgo formal que asume Glazer: una narrativa minimalista, imágenes que rozan lo onírico y una atmósfera que sumerge al espectador en un terreno ambiguo, desconcertante y profundamente sensorial.
¿De qué se trata Bajo la piel?
Inspirada en la novela de Michel Faber, Bajo la piel es un thriller de ciencia ficción con elementos de terror existencial. Scarlett Johansson interpreta a una misteriosa alienígena que adopta la forma de una mujer seductora para atraer a hombres solitarios en Escocia. Su objetivo es claro, aunque nunca del todo explicado: los lleva a un lugar oscuro, casi líquido, donde desaparecen sin dejar rastro. Pero lo que comienza como una misión mecánica y fría, poco a poco se transforma en un viaje interior, donde la criatura empieza a experimentar emociones humanas, desde la duda hasta la empatía.
Lo más fascinante de la cinta no es su trama, sino cómo está contada. La película renuncia al diálogo explicativo y al desarrollo narrativo convencional para proponer una experiencia sensorial y simbólica. Su protagonista, al principio casi una carcasa vacía, va absorbiendo el mundo humano con extrañeza y progresiva vulnerabilidad. Esa transformación es lo que convierte al filme en algo más que una historia de ciencia ficción: es una reflexión sobre la otredad, el deseo, la empatía y, en última instancia, la humanidad.
El enfoque del cineasta también desafía la mirada masculina dominante en el cine. Si bien Johansson aparece desnuda en varias escenas, la cámara la muestra desde una distancia emocional que evita cualquier tipo de erotización. Su cuerpo no es objeto de deseo, sino una herramienta de poder, de extrañamiento y, eventualmente, de fragilidad. La inversión de roles (una mujer que depreda y hombres que son presa) añade una capa política y subversiva que sigue generando debate.
En palabras del director, Bajo la piel busca capturar una experiencia humana universal. Y aunque la película no ofrece respuestas claras, sí plantea preguntas profundas sobre lo que significa habitar un cuerpo, sentir curiosidad, miedo, deseo y dolor.
Más que una historia lineal, es una meditación audiovisual que exige atención y entrega. Una rareza entre las grandes producciones, y sin duda uno de los trabajos más audaces de Johansson, que aquí se entrega por completo a un papel que rompe con cualquier expectativa previa.



