Hay dos escenas de The Invite que fueron improvisadas y se convirtieron en las más memorables de la película
Penélope Cruz dio un beso en cámara y sin previo aviso, mientras que Edward Norton pronunció el discurso sin que nadie supiera qué iba a decir.
The Invite es la última película de Olivia Wilde.
A24La invitación (The Invite) es, sin dudas, una de las películas del año. Desde que se estrenó en Sundance en enero de 2026 y fue comprada por A24 por 12 millones de dólares después de una guerra de ofertas, no paró de acumular elogios. Una comedia oscura sobre el matrimonio, el deseo y lo que pasa cuando dos parejas se juntan a cenar y la noche se sale de control, con un elenco que incluye a Penélope Cruz, Seth Rogen, Edward Norton y la propia directora, Olivia Wilde. Los críticos la calificaron de inteligente, tensa, divertida y sofisticada; el público llenó las salas.
Pero detrás del resultado prolijo que se ve en pantalla hay algo que no estaba en el guion. Dos momentos que nadie planificó, que surgieron del instinto de los actores en pleno rodaje y que Wilde decidió dejar en el corte final. Dos escenas que hoy son las más recordadas de la película.
Improvisación 1: El beso que Penélope Cruz improvisó y dejó a Olivia Wilde sin palabras
Olivia Wilde dirigía y actuaba al mismo tiempo, algo que, según contó, le generó síndrome del impostor desde el principio. Estaba acostumbrada a pararse detrás de la cámara, no delante. Pero en una escena junto a su compañera española algo pasó que no estaba en ningún papel.
Cruz se apartó del guion e improvisó un beso con Wilde. La reacción de la directora lo dice todo: "Estaba tan sorprendida que giré la cabeza y miré directamente al lente." Del otro lado, el camarógrafo le gritó su nombre y ella, sin saber bien qué hacer, cortó la escena con una sola palabra: "Namaste". Posteriormente admitió que fue "lo único que se me vino a la mente. Mi cabeza quedó en blanco. Perdí el control. Estaba tan enamorada de ella."
Lejos de arruinar la toma, el momento fue tan auténtico que Olivia decidió conservarlo en el montaje final y el beso está en la película. Penélope Cruz sorprendió al equipo a lo largo de todo el rodaje con detalles que no estaban escritos como la forma en que tocaba su pelo, la manera en que se relacionaba con los objetos del set, demostrando una vez más que hay actores que no necesitan guion para contar una historia.
Improvisación 2: Edward Norton comenzó a hablar en la película palabras que nadie sabía que iba a existir
El otro momento que se salió del libreto fue el de Edward Norton. En una escena clave, su personaje Hawk explica el origen de su nombre con un discurso que, en teoría, debería haber estado escrito con anticipación. No lo estaba.
El actor lo improvisó completo y Olivia Wilde lo dejó rodar sin saber qué iba a decir. "Los directores no suelen decir: 'No me cuentes qué va a pasar en este momento clave'", recordó Norton, todavía sorprendido. Filmar cronológicamente, algo que casi nunca ocurre en el cine, le dio al elenco una libertad poco común: podían construir sus personajes escena por escena, sin saber exactamente adónde iban a llegar. Eso hizo que momentos como ese discurso tuvieran un peso que ningún ensayo podría haber generado.
"Sentí que cosas estaban emergiendo de mí que no tenía planeadas", dijo Wilde sobre su propia experiencia. Una película que en papel era una comedia de situación terminó siendo algo más difícil de clasificar, más visceral, más honesta. El tipo de resultado que solo se consigue cuando un director confía en sus actores lo suficiente como para soltarles la mano. La Invitación se encuentra actualmente en cines.



