Lo encarcelaron, borraron su nombre y aun así ganó el Oscar: la historia del guionista que Hollywood no pudo silenciar
Lo metieron preso, lo pusieron en una lista negra y le prohibieron trabajar. Este guionista icónico siguió escribiendo cine igual, solo que con otros nombres.
El guionista de Hollywood que nunca se fue, resistió.
IMDbHay quienes insisten en que el cine y la realidad son mundos separados; que una cosa es lo que pasa en la pantalla y otra muy distinta lo que pasa detrás de ella. Pero la historia de Hollywood está llena de casos que demuestran exactamente lo contrario, que la industria del entretenimiento más poderosa del mundo también fue escenario de persecuciones, censura e injusticias tan cinematográficas como cualquier guion. Esta es una de esas historias.
Dalton Trumbo era, hacia la década del 40, uno de los guionistas mejor pagados de Hollywood. Detrás de él estaban algunas de las películas más icónicas de la época. Tenía talento, nombre y una carrera que pocos podían igualar. Entonces llegó el macartismo y todo se derrumbó. Lo acusaron de ser comunista, se negó a declarar ante el Comité de Actividades Antiamericanas y terminó preso. Cuando salió de la cárcel, Hollywood ya no lo quería.
Dalton Trumbo: el guionista que escribió en las sombras y ganó igual
Muchos de los autores incluidos en la lista negra empezaron a usar seudónimos o buscar sustitutos que firmaran sus obras para burlar la censura pero Trumbo hizo las dos cosas y mejor que nadie. Al salir de la cárcel en 1950 se exilió en México y desde allá usó varios nombres para vender sus guiones, trabajó como una máquina y cobró a estudios de poca reputación una mínima parte de lo que solía ganar. En su tiempo en el Distrito Federal escribió al menos diez películas que vieron la luz y revisó un número incontable de guiones. Era un hombre que no podía dejar de escribir aunque el sistema entero estuviera en su contra.
La estrategia más audaz fue prestarle su trabajo a otros. Le pidió a su amigo Ian McLellan Hunter que vendiera como propio el guion de Vacaciones en Roma, protagonizada por Gregory Peck y Audrey Hepburn. Ese guion ganó el Oscar y Hunter subió al escenario a recibirlo sin poder revelar quién era el verdadero autor. Trumbo miraba desde ningún lado, sin nombre.
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¿Cómo ganó un Oscar sin que nadie supiera quién era?
El segundo caso fue todavía más extraño. Con El bravo firmó como Robert Rich. La película ganó el Oscar, y nadie fue a buscarlo. Ahí comenzó un misterio sobre la identidad del galardonado que se instaló en la ceremonia y en la prensa durante años. La Academia había premiado a un fantasma.
El fin de la historia llegó en 1960, cuando Kirk Douglas decidió terminar con la farsa. Douglas se había hecho con los derechos de la novela sobre Espartaco y le ofreció el guion a Trumbo, garantizándole que su nombre verdadero aparecería en los créditos. Douglas cumplió su promesa. Las alabanzas de John F. Kennedy tras ver la película, pese a los intentos de varias asociaciones anticomunistas por boicotearla, terminaron de sellar el regreso de Trumbo. Después de una década escribiendo como fantasma, su nombre volvió a aparecer en pantalla.
En 1975, la Academia le entregó el Oscar por El Bravo, el mismo premio que había ganado veinte años antes bajo un nombre falso. Trumbo murió al año siguiente. Había ganado dos veces la misma estatuilla: una en las sombras, otra con su cara y su nombre al frente.



