Final explicado de Mensajes de voz para Isabelle, la comedia romántica que arrasa en Netflix
Repasamos los detalles del conmovedor desenlace de la comedia romántica que se ha ubicado entre lo más visto de Netflix en gran cantidad de países.
Mensajes de voz para Isabelle arrasa en Netflix
Pocas comedias románticas arrancan haciendo llorar antes de hacer reír, pero eso es exactamente lo que propone Mensajes de voz para Isabelle, la película que Netflix estrenó el 19 de junio y que viene firmada por Leah McKendrick en guion y dirección.
Con Zoey Deutch y Nick Robinson como Jill y Wes, la historia se sostiene sobre una premisa tan simple como demoledora: una mujer que sigue dejándole audios a su hermana muerta y un desconocido que, sin buscarlo, empieza a escucharlos del otro lado de la línea. Lo que parece el gancho de una comedia liviana termina siendo un relato sobre el duelo, la culpa y la dificultad de soltar a quien ya no está.
El nudo de Mensajes de voz para Isabelle se entiende recién cuando uno conoce el vínculo de Jill con Izzy, su hermana menor, que vivía con fibrosis quística y a la que mantenía conectada al mundo a través de audios delirantes, mitad confesionario, mitad show de comedia. Cuando Izzy muere, Jill queda destrozada y arrastra ese dolor incluso en la cocina del exigente Chef Bastien, donde la castigan cortando kumquats durante horas. Lo que ella ignora es que el número de su hermana fue reasignado a Wes, un agente inmobiliario de Austin con sus propias heridas, que empieza a recibir esos mensajes y queda enganchado con la voz de una extraña a la que jamás vio.
Mirá el tráiler:
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Final explicado de la película
El giro llega cuando Wes escucha que Izzy murió y decide viajar a San Francisco para conocer a Jill en persona. Lo hace con la excusa del trabajo, pero en realidad usa la información de los audios para encontrarla: la ubica en el evento en vivo de un podcaster viral que la había dejado plantada y termina apareciendo en su lugar favorito de la ciudad, pidiéndole indicaciones para conseguir tacos de desayuno. La química entre ambos crece de manera natural mientras recorren San Francisco, aunque la mentira de Wes se vuelve cada vez más pesada. Hay un beso, una cena casera —el pastel de pollo con corteza de pan de maíz que era la especialidad de la madre de él— y un acercamiento que Wes frena de golpe, paralizado por la culpa de no animarse a contar la verdad.
El quiebre definitivo ocurre en la boda de Breeda y Andy, los mejores amigos de Wes. Él da un discurso de padrino que mira directo a Jill, como quien empieza a creer en el amor después de años escapándole al compromiso. Pero esa misma noche, con el saco de Wes puesto, Jill descubre en el teléfono laboral de él que el número de Izzy sigue activo. La traición es brutal: no solo le mintieron, sino que el engaño reabre la herida de la muerte de su hermana. Jill queda sola, sin esos audios que la consolaban, pierde injustamente un puesto de pastelería en el trabajo y, harta, renuncia. En paralelo, sus padres la sorprenden por su cumpleaños y ella empieza a entender que no logra sanar porque se niega a dejar ir a Izzy, como si soltarla fuera abandonarla.
El final de Mensajes de voz para Isabelle apuesta por la reconstrucción de los dos personajes antes que por la reconciliación inmediata. Los padres de Jill le entregan el fondo universitario de Izzy y la empujan a perseguir su sueño: tras varios intentos fallidos, abre su propio food truck junto a una colega y el éxito llega rápido. Wes, por su parte, asume por primera vez que está enamorado de verdad y le pide a un amigo que recupere los audios de Izzy, que se habían borrado por accidente. En Año Nuevo le manda a Jill un mensaje sincero y gracioso, citándola en Jose's, el restaurante de los tacos, por si quiere darle otra oportunidad. Ella, escuchando un viejo audio en el que su hermana le pide que sea valiente, decide aparecer.
El reencuentro en Mensajes de voz para Isabelle sucede sin mentiras: Wes se disculpa de manera genuina y le dice que ella quizás no necesita un hombre, pero que él la necesita a ella. La escena de cierre los muestra en un parque, los dos llamando al número de Izzy para dejarle un último audio: Wes le pide permiso a la hermana para proponerle a Jill mudarse juntos, y Jill se despide lista para empezar de nuevo. Bailan "Dancing on My Own" de Robyn, la canción favorita que compartían las hermanas, y la película deja en claro que su historia tiene más que ver con aprender a convivir con la pérdida que con un romance de manual: ambos cargan duelos imposibles y, juntos, descubren que hay heridas que no cierran del todo, pero con las que igual se puede seguir adelante.


