Final explicado de Bajo tus pies, la película de terror que sorprende en Netflix
En Bajo tus pies, la nueva película de Netflix, Maribel Verdú interpreta a una madre que descubre el aterrador precio que implica su alquiler.
Bajo tus pies sorprende con su inesperado final
Un alquiler demasiado conveniente, un edificio impecable y tres vecinas ancianas que no dejan dormir a nadie. Con esos elementos arranca Bajo tus pies, la película dirigida por Cristian Bernard que Netflix presenta como un terror de vecindario y que termina en otro lado por completo: un ritual de brujería sostenido durante generaciones. Maribel Verdú encabeza el reparto como Isabel, una mujer recién separada que se muda con sus dos hijos, Lucía (Sofía Otero) y Ezequiel (Ibai Atanes), a un departamento que ninguna familia en su situación debería poder pagar. El precio, claro, estaba en otra parte del contrato.
Durante buena parte del metraje el relato juega con la duda. Isabel escucha alaridos que vienen del piso inferior, deja de dormir y empieza a comportarse de un modo que su entorno lee como un derrumbe nervioso. La película deja en claro, sin embargo, que esos ruidos existen. Son los chicos quienes llegan primero a la verdad: le disuelven pastillas en el vino a la madre y, una vez que la dejan dormida, bajan a investigar dejando un hilo que marque el camino de vuelta, un guiño a Hansel y Gretel que después el guion vuelve a usar. El intento de asfixiar con una almohada a una de las mujeres sale mal y quedan capturados. Recién ahí se destapa el mecanismo: las tres ancianas son brujas y los niños son la materia prima de un elixir que las rejuvenece.
Mirá el tráiler:
Ese descubrimiento arrastra otro más grande. El edificio entero funciona bajo un acuerdo: las viviendas se ofrecen en condiciones imposibles de rechazar porque, en algún momento, los inquilinos deben entregar a sus hijos para pasar de alquilar a ser dueños. Cuando Isabel se despierta y baja a buscarlos, encuentra a Lucía y Ezequiel siendo usados para extraer el líquido. Quien le corta el paso es Ira (Urko Olazabal), presentado hasta entonces como sobrino de las tres mujeres. La salida llega por un lado inesperado: los chicos recitan una plegaria y aparece la antigua inquilina que venía intentando advertirle a Isabel desde el principio. Con esa ayuda logran escapar. La vecina se queda con el recipiente del elixir y decide enfrentar a quienes manejan el edificio, un episodio que la película nunca muestra.
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Final explicado: por qué la palabra de Isabel no vale nada en la comisaría
El final salta sin transición a una dependencia policial. El edificio ardió, los chicos están a salvo con el padre y a Isabel le toca explicar lo que vivió. Su versión, con brujas y sacrificios incluidos, es inaceptable para los agentes, y su estado psicológico de las semanas previas ofrece una lectura mucho más cómoda: una crisis mental que lo explicaría todo. El espectador sabe que no es así, y ahí está el golpe. La locura funciona como el instrumento perfecto para anular a la única testigo. La aparición de Ira en la comisaría termina de cerrar la idea: las ancianas nunca fueron el centro de nada, sino la cara visible de una estructura con capacidad para seguir operando incluso después del incendio. La película tampoco aclara si las tres murieron ni qué destino tuvo la antigua inquilina.
Lo decisivo queda para el último plano: el edificio publica una nueva vivienda en alquiler. Isabel salvó a sus hijos, pero el mecanismo sigue intacto y espera a la próxima familia. Ahí termina de armarse la metáfora que sostiene todo el relato de Bajo tus pies en Netflix: acceder a una casa extraordinaria a un precio irrisorio tiene un costo que jamás figura por escrito, y ese costo son los hijos. Una generación asegura su patrimonio a expensas de la siguiente, literalmente. El cuento de Hansel y Gretel vuelve traducido al presente, con un bloque de departamentos en lugar del bosque y el hogar soñado ocupando el lugar de la casa de la bruja.


