La historia real detrás de Elize: Sombras de una mujer, el crimen brasileño que Netflix convirtió en película

El caso de Elize Matsunaga, que Netflix convirtió en película, expone un brutal crimen brasileño y la compleja historia personal de la acusada.

Elize: Sombras de una mujer llegó esta semana a Netflix

Elize: Sombras de una mujer llegó esta semana a Netflix

Detrás del drama criminal que Netflix sumó a su catálogo en los últimos días late uno de los casos más perturbadores de la crónica policial brasileña. Elize: Sombras de una mujer reconstruye un expediente que sacudió al país en 2012, cuando una mujer fue acusada de matar y descuartizar a su marido de la manera más brutal imaginable. El episodio ya había tenido su propia adaptación en la plataforma con la docuserie Elize Matsunaga: Érase una vez un crimen, estrenada en 2021, que se metió de lleno en las múltiples aristas del hecho y en los motivos que pudieron empujarla a semejante desenlace. La nueva película vuelve sobre esa historia real para explorar cómo se llegó hasta ahí.

Elize Matsunaga creció en Chopinzinho, un pueblo del estado de Paraná, dentro de una familia humilde y golpeada por el abandono. Su padre se fue, su madre también se marchó por un tiempo y ella quedó al cuidado de sus abuelos hasta que su progenitora regresó con una nueva pareja. Aquel padrastro, según denunció más tarde, abusó de ella y de su hermanastra durante años bajo amenazas para que guardaran silencio. Ese infierno la llevó a escapar del pueblo siendo una adolescente y, al no poder costear los estudios con los que soñaba mudarse a la ciudad, terminó trabajando como acompañante a través de un sitio web. Fue justamente en ese entorno donde conoció a Marcos João Matsunaga, un cliente que se enamoró de ella, la cortejó fuera de todo vínculo transaccional y con el tiempo le propuso matrimonio.

Mirá el tráiler:

El apellido no era menor: la familia Matsunaga había fundado Yoki, una reconocida marca de alimentos de San Pablo, y Marcos estaba llamado a heredar la conducción de la empresa. Por eso, cuando en mayo de 2012 desapareció tras salir supuestamente a unas reuniones de negocios, la denuncia que hizo Elize acaparó los titulares de inmediato, más aún porque la compañía negociaba en ese momento su venta a un grupo estadounidense. Las semanas siguientes trajeron el peor giro posible: partes descuartizadas de su cuerpo comenzaron a aparecer en distintos rincones boscosos de las afueras de la ciudad. La investigación se volcó sobre la esposa cuando el rastreo de su celular la ubicó en el lugar donde se hallaron los restos y las cámaras del edificio mostraron que Marcos nunca había salido de casa; el registro la captó a ella abandonando el departamento con tres grandes valijas que no llevaba al volver.

La historia real detrás de la película

Detenida como principal sospechosa, Elize confesó el crimen en apenas un par de días, aunque su declaración estuvo lejos de ser un simple acto de arrepentimiento. Contó que, puertas adentro, el matrimonio venía deteriorado desde hacía años por las repetidas infidelidades de Marcos, y que ambos habían decidido separarse hasta que un embarazo los hizo volver a intentarlo. Ese nuevo comienzo tampoco duró: él retomó sus aventuras, esta vez con Karina Abreu, otra acompañante a la que —igual que había hecho con Elize años atrás— le prometió matrimonio y le regaló el mismo auto. Con un investigador privado contratado por ella misma como prueba de la traición, Elize sostuvo que la noche del 10 de mayo discutieron, que él se puso violento y que disparó presa del pánico. La fiscalía, en cambio, apuntó a un plan meticuloso: el ángulo del disparo, de arriba hacia abajo y a corta distancia, no coincidía con su versión de un forcejeo entre dos personas de pie.

Elize: Sombras de una mujer llegó esta semana a Netflix

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El juicio se concentró precisamente en esa disyuntiva —arrebato o premeditación— y dividió a la sociedad brasileña entre quienes la veían como víctima de un hombre despreciable y quienes la señalaban por ambicionar la fortuna familiar. El jurado terminó por inclinarse hacia el crimen pasional y descartó la planificación, pero el juez la condenó igualmente a 20 años de prisión por el homicidio y por la destrucción y ocultamiento del cadáver. La pena fue reducida a 16 años en 2019 y con el tiempo obtuvo salidas transitorias y un régimen más laxo por buena conducta. Su mayor anhelo, sin embargo, sigue sin cumplirse: la justicia le negó incluso ver a su hija, cuya custodia quedó en manos de los abuelos paternos, decididos a mantenerla lejos de ella.