Cinco detalles perturbadores que El choque dejó afuera: lo que el documental de Netflix no contó sobre Mackenzie Shirilla
El documental de Netflix repasa los detalles en torno al caso Mackenzie Shirilla, pero omite muchos hechos claves.
Mackenzie Shirilla en el juicio
El estreno de El choque reavivó la discusión en torno a Mackenzie Shirilla, condenada a entre quince años y cadena perpetua por la muerte de su novio Dominic Russo y de su amigo Davion Flanagan en un siniestro ocurrido en 2022. El documental, que desde mediados de mayo se instaló entre lo más visto de Netflix, suma su primera entrevista frente a cámara y le da espacio a su familia para contar su versión. Sin embargo, buena parte de las críticas apuntan a lo que el relato deja afuera: pruebas y testimonios que circularon en otras producciones y en el expediente judicial. Estos son cinco de los detalles más inquietantes que no aparecen en pantalla.
El primero es una grabación realizada en el hospital al que fue trasladada tras el accidente. El detective Zaki Hazou registró un audio mientras le explicaba que el hecho se investigaba como un doble homicidio vehicular agravado. En ese momento, según el fiscal Tim Troup, la joven pidió hablar con su madre y lo hizo en una suerte de lenguaje distorsionado, parecido a una jerga inventada. Troup sostiene que en ese intercambio habría preguntado si podían decirle a la policía que había sufrido una convulsión, e incluso se la escucha consultar si no podían simplemente quitarle el registro por diez años. Un socorrista que la atendió en la escena declaró que sus signos vitales descartaban un ataque cerebral o una convulsión, aunque admitió que un episodio previo a su llegada podría no haber dejado rastros, y que su nivel de oxígeno era extremadamente bajo, compatible con alguien que acababa de sufrir un paro cardíaco.
El segundo punto omitido es una de las pruebas más debatidas del caso. Los datos de geolocalización de su teléfono la ubican cerca del lugar del choque, en el cruce de Progress y Alameda, tres días antes del hecho. Esa información se presentó en otra serie documental como un posible ensayo previo, y el propio Troup afirma que la acusada sabía con exactitud lo que iba a hacer al doblar en esa esquina. Aún así, hay matices que el expediente no esquiva: Hazou reconoció que la ubicación por GPS es aproximada, la corte describió ese tramo como una ruta poco transitada por ella, y un oficial declaró que se trata de un atajo conocido para evitar el tránsito, donde los conductores suelen superar el límite de velocidad.
Los detalles que quedaron afuera del documental
El tercero es un dato que para muchos resulta llamativo: Mackenzie Shirilla era la única ocupante del auto que llevaba puesto el cinturón de seguridad. Ni Russo ni Flanagan lo tenían colocado. Troup remarcó que el impacto principal se produjo del lado del acompañante y que ella tuvo una suerte enorme de sobrevivir a una colisión de semejante magnitud. El detalle gana peso porque Hazou aseguró haber documentado más de cien situaciones de manejo imprudente o distraído en las redes sociales de la joven. Según el fiscal, la destrucción del lado del acompañante fue tan severa que los airbags resultaron prácticamente inútiles y ninguno de los dos pudo haber sobrevivido.
El cuarto detalle proviene del entorno de la víctima. Christine, hermana de Russo, contó en su pódcast que durante los primeros días la familia creyó que se trataba de un accidente y se preocupó por el estado de Mackenzie Shirilla. Según su relato, la madre de la acusada, Natalie, les aseguró durante tres días que su hija seguía inconsciente y no había despertado. Con el tiempo, Christine quedó convencida de que ese silencio servía para ir armando una versión de los hechos. De acuerdo con NBC News, la joven sí estaba inconsciente cuando la encontraron los primeros auxilios, pero no hay registros de que permaneciera así: un oficial advirtió que seguía con vida al escuchar murmullos, una de sus primeras frases fue preguntar por Davion y estaba consciente cuando Hazou grabó la conversación con su madre.
El quinto y último punto contradice la imagen de indiferencia que tanto se le atribuyó. Lejos del frío desinterés que se analizó en distintas producciones, el expediente recoge muestras de culpa: tras el choque, Mackenzie Shirilla le dijo al personal médico que la responsabilidad de la muerte de su novio era suya. El hermano de Russo, Angelo, declaró además haber recibido mensajes suyos en los que pedía fotos de ambos para colocarlas en el ataúd y, semanas después, otro en el que reconocía que probablemente la culparan de todo, expresaba que deseaba que él siguiera con vida y admitía que la situación la atormentaba.



